jueves, marzo 10, 2016

Papá, ¿no lo notas?

Nicolás sabe de gusanos. Los aplasta en el parque, con las zapatillas de correr azul. Ahí hay otro. Písalo, que no se escape. Aunque su padre lo niegue. Gusanos. Debajo de la acera, siempre con el semáforo en rojo.
- Papá, ¿no lo notas?
El padre sabe sonreír con los ojos vacíos. Esa sonrisa de hombre cansado y corbata en las últimas. Papeles sobre la mesa y el jefe a unos metros. Oficinas abiertas, no hay paredes, tengo que saber lo mucho que trabajas para que luego no presumas de tiempos muertos. Teclea, teclea, teclea. Y su hijo es su hijo. Por debajo de la cintura con una voz que se confunde con el ruido alrededor. La señora, la ambulancia, los coches y el puesto de churros precocinados.
- ¿ El qué?
Nicolás ha aprendido mucho sobre invertebrados, sobre animales que no son capaces mantener la temperatura y tienen que vivir bajo tierra para no quedarse helados. Su madre cree que él es un invertebrado, siempre le pone ropa sobre la ropa. Como para enterrarle bajo capas de lana y algodón. Nicolás es un chico que piensa rápido, y sabe que la cosa dura muy poco, tan poco como el cambio del rojo al verde que permite llegar al otro lado. Los gusanos, ese gusano, se mueve de vez en cuando y la gente no se da cuenta de que está ahí abajo. Es un cerebro sin manos que adivina que para camuflarse a veces tan solo hay que moverse despacio.
- Pues qué va a ser, el movimiento del gusano.
El padre sonríe, la misma sonrisa que dentro de unos años habrá tallado una arruga. El tiempo es un escultor meticuloso, a todos nos hace una estatua hasta dejarnos congelados. Pero el padre sonríe porque es otra vez el mismo comentario. Y él siempre señala al suelo, del suelo levanta el brazo, el brazo describe un arco y termina buscando la parada de metro que queda al otro lado.
- ¿Ahí vive tu gusano?
Nicolas no se rinde. La imaginación es cierta porque lo cierto no tiene fronteras, como la mente de un niño. Su padre es demasiado alto y está demasiado lejos del suelo para sentir lo que tiembla bajo sus pies. Es un animal que cualquier día dará una sacudida y se llevará por delante todos los juguetes de verdad. Así que Nicolas tira de su padre y su padre sigue riendo. Porque ríe pensando que también su jefe es un gusano. Quizá su hijo tienen razón y echar de menos pensar esas cosas es echarse de menos a uno mismo. Y Nicolas da un paso, da otro, dispuesto a llegar a la guarida del animal que no tiene calor, para demostrar que su padre se equivoca. Y los dos caminan, dados de la mano, mientras el semáforo sigue en rojo y el gusano abre la boca dejándolo todo a oscuras antes de volver a desaparecer enterrado.


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