viernes, julio 08, 2016

En órbita

La pistola fue anclada después de estar bien ajustados los cinturones de fijación vertical. Con el casco tres veces comprobado y el visor en posición de radiación ultravioleta ángulo alpha. 
La pistola la dejaron fija a la consola de mando, junto al botón rojo de la radio AM y la pestaña de eyección neutra. Tras el click el técnico RA-50, encargado del anclaje de estructuras, ni le miró ni le hizo gesto alguno. Tan solo un "confirmo pistola entregada" que retumbó en la radio y se devolvió con un "recibido" que en sus oídos terminó por ser un mensaje más entre muchos. Nadie vio su cara y nada salió de su boca. El procedimiento continuó tal y cómo había entrenado tantas veces. Anclajes, desconocidos vestidos de blanco, visor abajo, visor arriba, si estás bien levanta el pulgar y después un bufido que lo deja todo en silencio bajo el cuidado de un protocolo. Y la pistola ahí, dónde ningún manual le había dicho que iba a estar. La exclusa cerrada y él sentado mirando de frente la pequeña ventana que daba al gran azul, a las estrellas, al vacío y a la soledad. Escuchó el pitido y la voz del puente de mando.
- Comenzamos la cuenta atrás.
Cerró los ojos como le habían recomendado y se preparó para dejarse llevar. El impulso más grande jamás creado, miles de litros de combustible haciendo química a unos metros. Todo estallaría de una manera cuidadosa para empezar el viaje. Con la primera explosión abrió los ojos y descubrió el cielo precipitándose hacia él. Se hizo uno contra el asiento y pensó que entonces empezaba todo, incluido el deseo de vuelta a casa. Y la pistola le observaba a unos centímetros, como una interrogación metálica, haciendo que su cabeza comenzara a dar vueltas por dentro mientras su cuerpo giraba por fuera. Él, como un proyectil concéntrico, cerró los ojos, ahora sí fuerte, mientras en el cuadro de mandos de tierra se iluminaba el pequeño led azul que confirmaba el éxito de la maniobra. Ella y él, sin incidencias aparentes, ya estaban en órbita.

miércoles, junio 15, 2016

Eso

Salió de la fábrica brillante, con la tela tersa y las ganas de hacer ángulos por las nubes. Había escuchado, entre tornillo y tornillo, cómo más de uno de sus hermanos había terminado escondiendo vestidos de novia, cuerpos brillantes, sonrisas de curiosidad, niños jugando al escondite e incluso asesinos. De todo para todos, como en las mejores películas de misterio. Cuando era nada más que ocho palos escuchó la historia del modelo A65 que terminó junto a la mesa del hombre más importante del mundo. Ocultando su firma de ojos extraños, ensombreciendo los deslices que uno quiere que nunca se escapen más allá de sus labios. Él o ella, pues nunca entendió cómo pensarse, salió de la fábrica dando golpes en la parte de atrás de una furgoneta. Acompañado por esos hermanos que se reconocen en los gestos igual que el mar se calca las olas. La puerta se abrió para que unas manos rápidas los apilaran bien juntos en un pequeño carro metálico. Parece una jaula murmuraban, es una jaula concluyeron. Uno a uno fueron saliendo de ahí. De las manos rápidas a unas manos lentas, a unas manos con guantes, a unas manos curtidas, a unas manos al otro lado de un pijama blanco. Él o ella, aunque ya en ese momento cada vez se sentía más eso, salió de un salto arrastrado por el ímpetu del que recibe lo que necesita. Le desnudaron rápido, fuera la ropa de plástico, y atravesó un pasillo en el que apenas pudo ver personas tumbadas y máquinas hablando entre ellas con pitidos extraños. Se abrieron sus ángulos, con el chirriar joven del nuevo por primera vez desplegado. Forzaron sus quince grados entre bisagra y pisaron uno de los frenos como si le anclaran al fondo de un océano. Y ahí tuvo perspectiva para ver el mundo que le había tocado. Gente de blanco de acá para allá a uno de los lados. Al otro, gente muy quieta, sobre una cama, con los ojos casi cerrados. Eso se percató de que ahora se había convertido en frontera, en un muro, algo que convertía la intimidad en un trozo de tela extendida entre ocho bastidores. Y se percató de esa cruz serigrafiada bajo la que se leía un nombre largo que terminaba con el ímpetu de una palabra tan noble como universitario. Y aprendió de lo mucho que oscurece la soledad cuando suenan las máquinas abusando del miedo. Y le puso pared a las quejas e intimidad a los ruegos. Escuchó lo que ahí se decía evitando hacer eco. Se hizo todo lo grande que pudo para mimar cada cuerpo hasta verlo convertido en recuerdo. Con cada plegado un vacío extraño. Con cada despliegue, como el que cae siempre, con las mismas dudas, con los mismos miedos.

miércoles, junio 08, 2016

Candidatos

Los cuatro candidatos son como los jinetes del apocalipsis pero sin efectos especiales. El guapo, el soso, el alternativo y el empollón. Parece un aula de cualquier clase de primaria. Pero ellos están encima del escenario y nosotros miramos de abajo hacia arriba. Con un poco de dolor en la nuca, ese dolor que termina por convertirse en preguntas. ¿Por qué ellos están ahí y nosotros solo ponemos los aplausos? Hace tiempo que perdimos la perspectiva, y la perspectiva es la mejor forma de mirar un cuadro que no entiendes. Que si los pinceles, que si la ignorancia. Todos sabemos de colores y deberíamos tener cierto cuidado en combinarlos. Su discurso suena por turnos en los altavoces, sabemos que van a decir, cuándo lo van a decir. En alguno hasta escuchamos faltas de ortografía. Cuando terminen nos abrirán las puertas para que vayamos a dejar un sobre, como los buenos ladrones de etiqueta, en una urna transparente que nos permite ver cómo digiere nuestras ideas. Y saldremos a la calle para esperar los resultados. Con los cuatro candidatos sonriendo y saludando a cámaras invisibles. Buscando complicidades con desconocidos que quizá comparten con ellos una parte mínima de su ideal todo. Después viviremos con interés los porcentajes y quizá celebremos con suerte la victoria de aquel que creemos lo hará mejor como delegado extraño de una clase con eñe. Los otros tres puede que se dediquen a tirar pelotas de papel desde la última fila, golpeando en el cuello de los que ya nos les miran. Y cuando se acabe el curso, o se suspenda alguna asignatura importante, todos iremos de nuevo a septiembre en cualquier mes del año. Para elegir a los mismos diferentes, para criticar lo que hicimos mientras montamos de nuevo el escenario, cada vez más lejos, cada vez más alto.


miércoles, junio 01, 2016

Homeopática ella

Recuerdo la primera vez que me dijeron que con ella todo era posible, a un módico precio, a un módico espacio de lo que fui y lo que debía creer. Ella estaba ahí, porque había estado siempre, memoria de un tiempo pasado en el que un clavo quitaba otro clavo. La palabra en el oído del desesperado es como una gota en el pez que hace flexiones sobre el desierto. La evidencia es decir lo que quieren oír. Porque esa es la clave, decir la verdad mintiendo a poquitos. Como me mentía mi abuela los domingos antes de abrir la puerta de la iglesia. Aquí estamos mejor porque estamos más limpios, decía, aquí estamos dentro y al otro lado estamos fuera. Solos y fuera. Y mi abuela era una señora menuda que en lugar de brazos tenía nudos, raíces nutridas por esa agua que es la memoria. Al fin y al cabo somos eso y mirar atrás siempre distorsiona las cosas. Yo era más guapo y más listo en mis recuerdos de ayer. Pero es ella, ella en la mano de él sobre el papel en blanco. No es una receta, recuerda, no es una receta. La desesperación es una forma de vida y los escépticos encuentran paredes dónde nosotros ponemos la puerta. Y yo me río, y me recuerdo al desesperado frente al pelotón de fusilamiento. Ahora más o menos estoy ahí, así que no pierdo nada por cerrar los ojos y escuchar los cantos de esta sirena. Hoy cualquier mentira me hace un favor y suficiente me han dicho al otro lado de la mesa como para saber que favores me faltan para el tiempo que me queda. La descubrí en la televisión, en la voz de ese famoso que presume de salud sobre billetes de cientos de euros. Navegan una ola de otros mundos y ellos saben de qué hablan, si usan esto es porque esto es lo caro que sale barato. Unas gotas, una dilución infinitesimal y todo será diferente. Usted crea y déjese llevar, abra la puerta, no vea una pared. Reconozco la duda, pero la duda es de los valientes. Entrego el dinero ahorrado y las expectativas, sé que ellas me llevaran lejos. Ahora tan solo me queda abrir la boca, sentir que no hay placebo en esta mentira piadosa, y dejarme llevar por lo inocuo e inútil antes de que me vuelva invisible. Estoy listo para beber y dejar de lado aquello que tan solo me puede curar pero nada me asegura. Separo los labios y cae el primer trago, y me engaña tan bien que olvido que todo es mentira.




lunes, abril 25, 2016

Diccionario

Cosificar.
Verbo de la primera conjugación que escupía mi hermano mayor todos los lunes antes de ir al colegio.

Cosificarse.
Reflexión que hacia el mismo hermano, en el marco de la puerta de nuestra casa, antes de poner un pie en la calle.

Cosificado.
Murmullo entre sus labios con cada paso.

Cosa.
Cuerpo de dos brazos y dos piernas, sentado al final de la clase, con los ojos cerrados, las manos muy quietas y los pies temblando, mientras la profesora abre la boca para mandarles callar a todos porque ya está bien de hacer siempre lo mismo con el mismo.

Caso.

Juego de letras utilizado por la policía para poner nombre a lo que pasó retrocediendo apenas unas páginas en el diccionario.

jueves, marzo 31, 2016

#Nopanadaismos XXXIII

Siempre hay un fantasma en busca de cadenas.

El escéptico tiene sobrevalorada la magia.

El tiempo facilita el diagnóstico diferencial de la amistad verdadera.

El fin no siempre justifica los miedos.

Justificar se conjuga siempre bajo sospecha.

La incertidumbre de lo que se nos viene encima es motivación vista desde el otro lado.

Dime de que presumes y te diré de lo que padeces.

Si todo te suena a broma, tranquilo, es la cruda realidad.

La vida también tiene áreas de descanso. 

La lentitud pulcra es pereza vestida de etiqueta.


jueves, marzo 24, 2016

#Nopanadaismos XXXII

La crítica sincera es un consejo a fuego lento.

El miedo es una bebida que con poco anima y con mucho atonta.

La indiferencia es prima de la ignorancia y amiga de la pereza.

Cansados por la espera nos impacientamos cuando somos felices.

Las obviedades suelen vestirse de etiqueta.

Hasta la incongruencia presume de tener todas las vocales.

El bumerán es más metáfora que arma. 

El mayor problema de la intuición es que se utiliza sin manual de instrucciones.

La rutina es el menú del día del segundero.

El ego es mal consejero de la ignorancia y la duda.

viernes, marzo 18, 2016

#Nopanadaismos XXXI

Estudiar es un esquema que a veces se rompe al vivirlo.

La retórica es la esgrima del diálogo.

La mentira es un préstamo que siempre se devuelve con intereses.

Sobre disgustos no hay nada escrito, pero al revés.

Sobre lo que no sabes no opines si cuando sepas quieres poder opinar.

La certeza es un destino que siempre nos debe quedar casi cerca, para que no paremos nunca de intentar seguir llegando a ella.

Los sueños son quebraderos de cabeza en el porvenir.

La vida a veces es perderse un poco y encontrarse un mucho.

El día más importante de tu vida también amanece por el este.

Contra la dificultad del ser disponemos de la facilidad del parecer.

jueves, marzo 10, 2016

Papá, ¿no lo notas?

Nicolás sabe de gusanos. Los aplasta en el parque, con las zapatillas de correr azul. Ahí hay otro. Písalo, que no se escape. Aunque su padre lo niegue. Gusanos. Debajo de la acera, siempre con el semáforo en rojo.
- Papá, ¿no lo notas?
El padre sabe sonreír con los ojos vacíos. Esa sonrisa de hombre cansado y corbata en las últimas. Papeles sobre la mesa y el jefe a unos metros. Oficinas abiertas, no hay paredes, tengo que saber lo mucho que trabajas para que luego no presumas de tiempos muertos. Teclea, teclea, teclea. Y su hijo es su hijo. Por debajo de la cintura con una voz que se confunde con el ruido alrededor. La señora, la ambulancia, los coches y el puesto de churros precocinados.
- ¿ El qué?
Nicolás ha aprendido mucho sobre invertebrados, sobre animales que no son capaces mantener la temperatura y tienen que vivir bajo tierra para no quedarse helados. Su madre cree que él es un invertebrado, siempre le pone ropa sobre la ropa. Como para enterrarle bajo capas de lana y algodón. Nicolás es un chico que piensa rápido, y sabe que la cosa dura muy poco, tan poco como el cambio del rojo al verde que permite llegar al otro lado. Los gusanos, ese gusano, se mueve de vez en cuando y la gente no se da cuenta de que está ahí abajo. Es un cerebro sin manos que adivina que para camuflarse a veces tan solo hay que moverse despacio.
- Pues qué va a ser, el movimiento del gusano.
El padre sonríe, la misma sonrisa que dentro de unos años habrá tallado una arruga. El tiempo es un escultor meticuloso, a todos nos hace una estatua hasta dejarnos congelados. Pero el padre sonríe porque es otra vez el mismo comentario. Y él siempre señala al suelo, del suelo levanta el brazo, el brazo describe un arco y termina buscando la parada de metro que queda al otro lado.
- ¿Ahí vive tu gusano?
Nicolas no se rinde. La imaginación es cierta porque lo cierto no tiene fronteras, como la mente de un niño. Su padre es demasiado alto y está demasiado lejos del suelo para sentir lo que tiembla bajo sus pies. Es un animal que cualquier día dará una sacudida y se llevará por delante todos los juguetes de verdad. Así que Nicolas tira de su padre y su padre sigue riendo. Porque ríe pensando que también su jefe es un gusano. Quizá su hijo tienen razón y echar de menos pensar esas cosas es echarse de menos a uno mismo. Y Nicolas da un paso, da otro, dispuesto a llegar a la guarida del animal que no tiene calor, para demostrar que su padre se equivoca. Y los dos caminan, dados de la mano, mientras el semáforo sigue en rojo y el gusano abre la boca dejándolo todo a oscuras antes de volver a desaparecer enterrado.

miércoles, marzo 02, 2016

No hay poderes al otro lado

Todos los 29 de febrero Clark Kent se mira al espejo sabiendo que no hay poderes al otro lado, que hoy es tan sólo un humano. Peinarse como un miope y sentir sueño, sueño que el resto del tiempo es propiedad de esos seres que a los que se parece con un regusto amargo. 
Clark Kent pierde los poderes un día cada cuatro años. 
Lo descubrió con sus coches de plomo porque un crío normal es incapaz de tirar de algo que pesa como una piedra por mucho que esté jugando. Está bien ser lo que uno parece de vez en cuando, sentirse vulnerable deja las cosas claras, da perspectiva. 
Clark sale a la calle y se detiene en todos los semáforos. Su otro yo no necesita de colores y en días como hoy debe tener cuidado. Clark considera ridículo morir de un golpe contra un parachoques para que a medianoche el corazón recupere su marcha superheroica y se vea obligado a romper el ataúd de un puñetazo. Crack. Clark Kent, el nuevo resucitado. En el caso de que hubiera testigos sería complejo de explicar si además lo complementas con visión de rayos X, la capacidad de volar, fuerza prácticamente ilimitada y la velocidad de una bala. De ahí al nuevo Mesías hay tan solo un par de buenos anuncios y dos o tres milagros. 
Clark se toma el café de la mañana y redescubre lo que no sabe interpretar con su lengua superheroica. En el Daily Planet saluda como todos los días, hoy no esquivará a nadie con un par de zancadas sónicas. Se sienta en su mesa y toma un protector gástrico. Todos lo hacen allí tanto por lo que hay dentro como por lo que hay fuera. Louis le parece hoy más atractiva al ser menos visible, eso de no poder quitarle la ropa entornando los párpados le hace utilizar la imaginación que nunca necesita. La imaginación es el superpoder favorito de los humanos. Teclea como los demás mientras percibe los dedos cada vez más pesados. Sonríe, porque ha leído en su fortaleza de la soledad, que sentir es lo que define a los humanos y él ahora siente su cuerpo, sus imperfecciones, como un relojero que pone a punto un aparato. 
A Clark el día se le hace largo, tedioso, pesado, una cera que se derrite. Mira a través de la ventana para ver cómo el sol cae poco a poco en el horizonte. Piensa en todos sus enemigos. Lex estaría encantado de saber que ahora sólo es carne y hueso, un enemigo de plastilina que facilmente se deforma y sufre daño.
Se despide con un bostezo, algo que siempre simula pero que esta vez sale del centro de su pecho como un grito inesperado. Está cansado, aburrido, igual que esos pasajeros del metro atrapados por la música de sus cascos. Hoy no puedo oír lo que ellos oyen, hoy no puede escuchar el grito de un par de ancianas dentro de un callejón al ver cómo un tipo les amenaza con un cuchillo ensangrentado.
Clark compra la cena en la tienda de congelados del barrio. De camino a casa siente el frío sobre los dedos como un regalo. Abre la puerta, enciende las luces y se pone cómodo. El chándal de la universidad siempre es un refugio, todavía recuerda el examen que hizo un día como hoy hace ya muchos años. Suspender era una experiencia que le había gustado. Tras cenar y quemarse sutilmente la lengua deja sobre la mesa de la cocina los platos y cubiertos sucios. Mañana los recogerá, limpiará, secará y colocará en menos de lo que tarda usted en ver que hay un punto al final de este párrafo.
Clark apaga las luces y sale al rellano. Sube las escaleras hasta la azotea y allí se dirige hacia un pequeño cubo metálico empotrado en la pared. Busca la llave en el bolsillo y abre el recipiente dejando que escape de su interior un brillo verde y extraño. Clark coge la kriptonita, el minúsculo resto de su planeta, y lo observa. Es irónico que sea invulnerable a ella en el momento en el que es más vulnerable al resto de cosas. Dedica unos minutos a limpiar el pedazo de roca antes de volver a dejarla dentro.
Tras cerrar la pequeña puerta guarda la llave y mira el reloj. Quedan apenas unos segundos para que acabe el día. Con no poco esfuerzo es capaz de subirse al muro que separa la azotea del vacío. Desde ahí puede sentir vértigo, miedo e incertidumbre. Clark se estremece y disfruta de esas tres sensaciones antes de dejarse caer con los ojos cerrados.

martes, febrero 16, 2016

Ser médico no era esto en los dibujos animados

El médico está detrás de la mesa, que hace de frontera blanca tras un muro de papeles. Y ellos pasan de un lado a otro de la pared. Ellos son una ola que son espuma que son todo el tiempo todo el rato. Porque ellos son, y él lo sabe. Son todas esas personas que el sistema disfraza de enfermedades. Gente que cae sobre la silla vieja como caían las hojas de aquel libro con nombre de gárgara que acaba golpeando sobre el lavabo. Las horas en la pared y un reloj como condena, demasiados pacientes para pocos segundos. La batalla perdida y las palabras repetidas. Ser un robot dado que ser médico no era esto en los dibujos animados. Pero es feliz, como feliz es el artificiero que desactiva una bomba. Se sabe prescindible pero casi necesario. En el casi suele estar la diferencia, como en el amor de dos casi desenamorados. Y ellos pasan por la silla, hola qué tal, cómo se encuentra, le veo desanimado. Todos los días iguales en el calendario. Desde la urgencia. Desde la silla. Desde que algo ha cambiado. La epidemiología de la vida es  la tormenta que se repite todos los años. Ahora invierno, ahora verano. No se levanta al servicio, apenas recuerda que detrás de la esquina, girando a la derecha, también ellos disfrutan de cuarto de baño. Sabe que en la sala de espera hay historias, estornudos, fiebre, un par de silencios y esa señora mayor que viene por ese tipo de hematomas que uno solo se hace cuando cae sobre un puñetazo. Nada es tan fácil como un que pase el siguiente para hacer gota malaya sobre la conciencia. Ahí se va uno, ahí se va otro, fluye un río de gente que abandona la consulta para sumarse al miedo por lo hecho del que no aprieta bien los tornillos en el trabajo. ¿Esto es un trabajo? Buena pregunta para días de sol, ¿qué era esto? La medicina tipo test siempre se queda corta para lo que en realidad está pasando. Todas son falsas, salvo que digan lo contrario. La tarde cae por la ventana y el sol se hace una sombra para fumarse un día más en el calendario. El humo, siempre el humo delata a los indios. Y él se pone de pie sintiendo un hormigueo en el brazo. Apaga las luces, cuelga la bata y observa el vacío hasta la mañana siguiente. Cierra la puerta y camina hacia la luz de una farola ahí fuera. Y ese hormigueo se hace dolor reconocido, casi patognomónico, y tiene miedo antes de saberse al otro lado.

lunes, octubre 19, 2015

#Nopanadaismos XXX

Ser importante en tus derrotas, y tímido en tus victorias (y/o al revés).

La línea recta no tiene porque ser la distancia más corta entre dos culpas.

El cristal de la ventana no debe ser tu horizonte.

En la universidad de la vida siempre te queda alguna para septiembre.

Quizá tan sólo somos una muchedumbre en potencia. 

Perderse para encontrarse. Recurso inesperado para situaciones desesperantes. 

La mística del ignorante es un atractivo de boca cerrada.

La pubertad primero se vive de más y luego se echa de menos.

Presumir es una prueba de estrés para la conciencia.

El mundo está lleno de incomprendidos bailando en la frontera del ridículo.


lunes, octubre 12, 2015

#Nopanadaismos XXIX

"Perder el tiempo es un deporte estático que agota al observador y transforma al deportista".

"Para saber quién eres, no importa quién seas". 

"Vivir es un experimento sin consentimiento informado".

"A veces, con un poco de suerte, ya tienes mucha". 

"La soledad tiene amigos en todas partes".

"La razón reside en saber que puedes estar equivocado". 

"Navegar es un verbo que ahora se practica por demasiada gente demasiado en seco". 

"La derrota nos enseña que en el esfuerzo por vencer está el trabajo para lograrlo". 

"La coma y los puntos suspensivos son la pausa y la incertidumbre de las letras".

"En la búsqueda de lo original está el engaño de la copia".


lunes, octubre 05, 2015

#Nopanadaismos XXVIII

"Los argumentos se pueden romper al final de la cadena de montaje".

"La carcajada lejana lo mismo da envidia que miedo".

"La inteligencia consiste en permanecer, a veces, un segundo más en silencio".

"Hay gente que dialoga en monólogo". 

"Hay muchas maneras de fracasar y alguna de ellas, con el tiempo, conduce al éxito".

"Triste ser personaje secundario de tu propia vida".

"Opinar para que te escuchen es como gritar para que te oigan".

"El miedo es un inquilino que siempre tiene deudas pendientes".

"La diversión del triste destila poemas".

"Decidir es un salto al vacío en el que las consecuencias pueden ser un precipicio".



ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

DIARIO DE DÍAS RAROS
"Gracias a Alberto García Salido, "No pasa nada de nuevo...", Por mostrarme su magnífica obra..."

ASAMBLEA DE PALABRAS
"... es el blog que edita, desde algún lugar de España, Alberto García Salido. Sus textos tienden a la brevedad, ya sean poéticos o narrativos..."

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