sábado, abril 09, 2011

La playa

- ¿Cuantas veces ha visitado la playa?
- Tantas como quiso.
Las mujeres se apoyan en la silla de ruedas. Ambas se hunden en la arena dejándose llevar por el beso del agua y el mullido tacto del suelo diluyéndose bajo sus pies. Juntas, golpeadas por un viento de levante que las sacude como varas.
Nadie las ve salvo bajo el sol en la playa vacía. Nadie puede ver como sonríen al observarle caer en el agua sin salpicar ni chapoteo.
Bajan la cabeza y comprueban que las huellas se han borrado. Ya sólo quedan las muletas y, junto a las ruedas de la silla, el par de zapatos de esparto nuevos de tanto desuso.
Llorando recogen, abandonan la playa.



miércoles, abril 06, 2011

Capón

El hombre gordo asoma en la puerta de la granja. Su piel suda grasa y el resto, la carne magra, ondea con cada paso hacia el tipo de rodillas junto a la caja de cartón.
El hombre gordo parece un vaso de agua a punto de derramarse. Jadea bajito, mil jadeos por segundo, y es su aliento el que golpea en la nuca del granjero instantes antes de golpearle de verdad en el brazo para llamar su atención.
- ¿Quién es usted? - le pregunta.
- Soy la visita - sonríe -. El hombre del correo electrónico.
El granjero le observa como un enano a una montaña. Entre pliegues de carne adivina unos ojos pequeños y saliva escapando de unos labios arrugados que parecen un par de costuras mal hechas. Después se limpia las manos de sangre y se pone de pie. Deja tirada en el suelo la caja de cartón llena de pollos que corren de un lado a otro. Uno de ellos salpica gotas rojas desde la base de sus patas traseras mientras intenta arrastrarse hasta una de las esquinas.
- ¿Son esos verdad? - el hombre gordo se inclina.
- Sí.
- ¿Está empezando con ellos? - el hombre gordo se levanta.
- Sí - el granjero mete la mano entre el alboroto y coge uno de los pollos. Después con el índice y el pulgar agarra un pequeño apéndice y tira de él haciendo gritar al animal más como un gato que como un ave -. Sígame - dice lanzando el pájaro sin mirar.
El granjero camina rápido, el gordo se mueve con dificultad entre la paja y el barro del suelo. Según andan dejan a los lados infinitas jaulas con infinitos pollos en su interior. Algunos son gallinas, gordas, rechonchas, cagando sin parar. Otros, una minoría, son gallos altivos de perfil delgado que introducen el pico entre las rejas. El ruido se hace insoportable y el hombre gordo agradece no entender qué dicen los animales. Todo parece gritar a su alrededor.
Cuando alcanzan el extremo de la nave el granjero señala un montón de jaulas apiladas sobre un palé de madera.
- Ahí los tiene.
El hombre gordo asiente y eso parece señal para que el granjero se dirija hacia el toro mecánico situado detrás de la carga. En unos segundos enciende el motor, levanta las jaulas y desaparece por la puerta principal. El hombre gordo regresa sobre sus pasos. Casi puede seguir, como vías de tren, el sendero que ha ido marcando unos segundos antes sobre la mierda del suelo.
El granjero descarga directamente en el maletero de la enorme furgoneta que espera en el exterior. Lo hace rápido, provocando a los pollos, haciendo caer una lluvia de plumas que deja el interior del vehículo perdido. Cuando el hombre gordo llega junto a él todo está listo para que se marche de allí.
- ¿Quiere ver alguno?
- Claro - asiente.
El granjero abre una de las jaulas y saca del pescuezo uno de los pájaros. Lo deja caer al suelo y este apenas se mueve. Sus dos patas parecen hundirse entre las plumas impidiendo que se mueva y el pico está enterrado entre una cabeza descomunal para una animal tan pequeño. Casi no puede respirar y emite un silbido. Como si estuviera desinchándose constantemente.
- Están tan gordos que ni se menean. Así pasa luego que de blandos que son se deshacen en la boca.
El granjero reintroduce al pollo en la jaula y el hombre gordo saca un sobre del bolsillo del pantalón para entregárselo después.
- Muchas gracias - el granjero se gira y vuelve al interior de la nave cerrando con un portazo.
El hombre gordo se mete en el coche y observa la carga en el retrovisor. Todo grasa y filetes en ciernes. Veinte jaulas llenas de carne de pollo. Casi no se oye nada detrás, más de uno habrá muerto del susto por el traslado y el resto estará cansado de vivir entre tanta carne inútil. Cuesta mucho respirar por una existencia así.
El hombre gordo arranca el vehículo y siente un desconocido hormigueo debajo de la bragueta del pantalón.


Con este relato termino la serie "Dogmas vs Microrrelatos"
Empecé en noviembre de 2010.
Yo me lo pasé bien.
Espero que ustedes/vosotros también.
Un saludo.


domingo, abril 03, 2011

El bulto

La vieja casa sobre la colina se recorta en el horizonte como sombra sobre luna llena. A uno de sus lados la silueta de un hombre se aproxima con paso lento hasta la entrada. El portón se abre después a golpe de trueno. El salón, bajo araña enorme de velas, danza en un claroscuro que permite al mayordomo, blanco sobre negro, aproximarse con sigilo hasta el desconocido.
- Ya está usted aquí - inclina la cabeza -. Le espera arriba.
La cara del visitante se ilumina dejando sus ojos un brillo que chispea. Tira el gabán y se dirige con paso firme, taconeando el suelo como un metrónomo, para alcanzar las escaleras. Según asciende pasa junto a cuadros al óleo que recuerdan rostros antiguos, también deja atrás un par de acuarelas que dan frío y un bodegón podrido de tanto quedarse quieto.
El pasillo hasta el cuarto se extiende entre dos paredes blancas. Un triciclo, un par de risas y un susurro contaminan el paseo hasta la puerta del fondo.
La puerta se abre y las bisagras tiritan por el esfuerzo. Delante, bajo la luz de un flexo metálico, algo se mueve. El hombre extrae la pistola de su bolsillo derecho y estira sobre su rostro el pasamontañas oscuro. Gana los metros necesarios para acercarse al bulto vestido con ropa vieja y sitúa el cañón del arma sobre su nuca. El bulto, al percibir el cilindro frío, se gira despegando las manos del teclado con esfuerzo.
-¿Quién eres? - pregunta.
- Sin duda, el peor de tus géneros.

21. Prohibidos los cuentos de género (terror, romántico, viajes…). Prohibidos los cuentos ingeniosos.

jueves, marzo 31, 2011

Tieso, quieto y con pose

A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias. Me dice lo que debo y no debo hacer. Ella se mueve a su gusto, campando a sus anchas por la superficie, capaz de imitar a quién quiera y capaz de matar a cualquiera. Asesina con estilo. Yo no puedo moverme mucho. Ella dice que mejor guardar las formas. Mejor tieso, quieto y con pose. Eso sí, cuando la cosa sale bien me permite visitar a las damas. Eso hace grande a mi reina. No todo en la vida puede ser ajedrez.

lunes, marzo 28, 2011

Desde que abrió los ojos

El niño sospechaba desde que abrió los ojos y pudo ver. Caminaba incómodo de la mano y le asqueaba el sudor pringoso de su frente. Olor a sucio y ácido, sin ver más allá de su cabello oscuro dando vueltas hasta perderse enterrado en la piel.
Se dejó llevar por la inercia de la sospecha, cada minuto una pista hacia la solución del problema, conviviendo con aulas repletas de extraños que marcaban la linea para la diferencia. De casa al colegio, entre legañas cosiendo los párpados y escondido en el asiento trasero del coche. Del colegio a casa, caminando junto a su madre, perseguido por el rastro de cuchicheos que la gente desprendía a su paso. Habitaba un cuerpo extraño y dejó pasar los días añadiendo letras a la pregunta que como chasquido en su mente terminó por verse atrapada entre interrogaciones.
Una semana el crío la contuvo en el estómago.
Otra en el pecho.
Le quemó la garganta durante una quincena y le dolieron los labios durante otra hasta que reventó como un globo.
- ¿Por qué yo soy negro? - dijo el niño.
La madre y el padre, tapándose, odiaron ser blancos.


viernes, marzo 25, 2011

La misma cena romántica

- Con ese amargor tan extraño no puede ser vino - dice.
La música clásica abandona los altavoces haciendo un paisaje de notas en el aire. Las velas dibujan sombras en la pared y la ensalada de queso azul muestra sobre la rúcula tatuajes morados hechos con el vinagre más caro del mundo. Ella, aún con ropa de calle, sostiene la copa entre sus dedos y observa a su novio. Él ha dispuesto la misma cena romántica de todas las últimas noches.
- Cariño, ¿de que bodega es este tinto? – pregunta.
Su chico sonríe, pálido, al enseñarle los brazos.

martes, marzo 22, 2011

Imaginación

- Araña, me llamo Araña.
Francisco tomó ese nombre pegándose a él como una lapa. Para cinco años cinco letras. "La televisión le mostró al tipo ese saltando entre edificios y capturó irremediablemente su imaginación", decía su madre.
El niño al regresar del colegio se encerraba en su cuarto, a oscuras, y nadie sabía nada de él hasta que su hermana entraba en casa. Entonces salía dando brincos hacia ella, lanzando los brazos para atraparla. Ella respondía con un golpe, una burla o una mueca quitándole de en medio como si nada.
Sus padres se marcharon el primer fin de semana de octubre. Habían planeado el viaje desde que su hija mayor cumplió catorce años. Salieron en cuanto ella llegó de la clase de ballet, aún vestida con la falda blanca y el maillot rosa para presumir de camino a casa.
Al cerrar la puerta llamó a Francisco con un grito en el que la palabra estúpido resonó justo antes del silencio. El niño no salió a recibirla como otros días. Le buscó en el salón, el baño y la cocina. Finalmente, imitando a su madre, se acercó a su habitación y encendió la luz con un golpe en la pared.
Francisco, saltando desde un lateral, le inyectó el veneno en el estómago y, abrazándola, dejó que se durmiera en su telaraña.


sábado, marzo 19, 2011

Si la espada mata

Si la espada mata y la espada se dirige hacia mi cabeza soy yo el que muere por ella.
Difícil.
Si la espada veo y la espada esquivo podré girar sobre mis talones para salir corriendo y seguir, quizá, vivo.
Entonces.
¿Izquierda o derecha?

19. Prohibido escribir un cuento cuando el autor ya conozca de antemano el final. Prohibida la premeditación. El relato es la huella que deja una deriva.

miércoles, marzo 16, 2011

Esquizofrenia


Para evitar accidentes y sustos innecesarios el profesor de autoescuela se esmeraba en dejar muy claro que tanto el fantasma gris como la serpiente verde no acostumbraban a respetar la señal oscura del prisma con forma de triángulo equilátero.

domingo, marzo 13, 2011

Cinco palabras para un infarto

¿Por qué me mira así? – soltó.
Cinco palabras para un infarto.
El turista cayó al suelo como una piedra. La mujer huyó dejando a su esposo indefenso bajo el cuerpo que se inclinaba ante él. Este, al sentir la mano helada sobre su rostro, perdió el conocimiento.
En la puerta de entrada ella gritó buscando ayuda logrando llamar la atención de uno de los empleados.
- Tranquila señora, cálmese por favor - le dijo conciliador -. Es importante que no alarme al resto de visitantes de nuestro precioso museo de cera.

jueves, marzo 10, 2011

En el ascensor huele raro

En el ascensor huele raro. Los pasajeros, vestidos para la ocasión, soportan un olor ácido que transforma la ropa de uno de ellos en un disfraz. Dos personas de modales exquisitos entre las que se dispone un esfínter relajado.
Comienza el ascenso hasta la azotea. Uno cruza los dedos y el otro carraspea. No dicen nada y sus narices se arrugan por dentro con disimulo. Que no se note que se nota.
Se adaptan al olor conforme transcurren los pisos y la pantalla cambia los números en rojo monitorizando el paseo. El olor a huevo podrido parece menos molesto con cada metro ganado. Poco a poco se relajan, con cuidado en sus orificios, y reconducen su pensamiento a la fiesta que les espera bajo el cielo.
El elevador se detiene con un bote. El de los dedos cruzados abre la mano y el otro carraspea falto de recursos.
La puerta se abre y se dejan paso el uno al otro en señal inequívoca de cortesía. En la azotea el murmullo de la fiesta depura el aire, como un perfume, y ambos se diluyen en las conversaciones interesantes que allí se regalan. Una vez mezclados en la muchedumbre, ya no huelen absolutamente a nada.

lunes, marzo 07, 2011

Todo tan lejos

Disfruto del pinchazo, disfruto del contacto de la jeringuilla, de la aguja, penetrando la piel para diluir en la sangre el opiáceo que dará paso, seguro, al siguiente escalón terapéutico. Ya no hay marihuana en la terraza y mis vecinos han llamado a los bomberos alertados por el humo que sube hasta su casa.
Todos saben a que huele y todos temen otro olor.
Disfruto de mis lágrimas dando paso a un nuevo mundo. Armonía con lo que me rodea, silencio alrededor, mientras empujo el émbolo hacia esas entrañas que han revuelto mi vida.
Paz.
Tranquilidad.
Las manos dejan de reír, ya no duelen los nudillos y la presión en el pecho es como una nana que duerme los sentidos.
¿Quién soy y para qué soy?
Apenas alcanzo el bote de pastillas mientras me tiro desnudo sobre la almohada llena de restos de comida. La cama será una nave al paraíso.
Abro la boca haciendo chispear Valium sobre la lengua. No sabe a nada y la corriente de agua que cae a borbotones sobre el paladar no deja huella sobre la mucosa sonrosada y tierna. Comprimidos que alcanzan el estómago para abrirse en su interior como una rosa bajo la luz del sol. Supongo que ponerme romántico, poético, es un regalo de despedida.
Los golpes, el timbre, los gritos. Todo tan lejos que ya no importa.
En la salud y en la enfermedad, alto y claro.
Está a mi lado.
Lo hice por ella.

18. Prohibido escribir bajo los efectos del alcohol o las drogas (Prohibido supeditar la ebriedad y el trance a algo distinto del propio acto de escribir).


viernes, marzo 04, 2011

Me acuerdo

Me acuerdo del sonido de la correa golpeando contra el suelo y de lo largo que se hacia el pasillo hasta mi puerta.

martes, marzo 01, 2011

El artista

¿Por qué me mira así?, ¿quiere ligar conmigo? – dice.
El especialista se lanza al vacío sabiendo que borrarán su mofa a cámara. Su cuerpo será la percha para la estrella miedosa y mediática que deja protegida dentro del avión.
Todos los días haciendo de él, soportando su artificial dramatismo antes del corten. El doble se sabe imprescindible para que él sea único.
Al ver la señal tira de la anilla del paracaídas. Escucha un chasquido que convierte la caída en un zoom vertiginoso al suelo.
Arriba, entre gritos, el artista articula su rostro.
Piensa en algo triste para sacar sus lágrimas a escena.


ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

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