jueves, marzo 31, 2011

Tieso, quieto y con pose

A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias. Me dice lo que debo y no debo hacer. Ella se mueve a su gusto, campando a sus anchas por la superficie, capaz de imitar a quién quiera y capaz de matar a cualquiera. Asesina con estilo. Yo no puedo moverme mucho. Ella dice que mejor guardar las formas. Mejor tieso, quieto y con pose. Eso sí, cuando la cosa sale bien me permite visitar a las damas. Eso hace grande a mi reina. No todo en la vida puede ser ajedrez.

lunes, marzo 28, 2011

Desde que abrió los ojos

El niño sospechaba desde que abrió los ojos y pudo ver. Caminaba incómodo de la mano y le asqueaba el sudor pringoso de su frente. Olor a sucio y ácido, sin ver más allá de su cabello oscuro dando vueltas hasta perderse enterrado en la piel.
Se dejó llevar por la inercia de la sospecha, cada minuto una pista hacia la solución del problema, conviviendo con aulas repletas de extraños que marcaban la linea para la diferencia. De casa al colegio, entre legañas cosiendo los párpados y escondido en el asiento trasero del coche. Del colegio a casa, caminando junto a su madre, perseguido por el rastro de cuchicheos que la gente desprendía a su paso. Habitaba un cuerpo extraño y dejó pasar los días añadiendo letras a la pregunta que como chasquido en su mente terminó por verse atrapada entre interrogaciones.
Una semana el crío la contuvo en el estómago.
Otra en el pecho.
Le quemó la garganta durante una quincena y le dolieron los labios durante otra hasta que reventó como un globo.
- ¿Por qué yo soy negro? - dijo el niño.
La madre y el padre, tapándose, odiaron ser blancos.


viernes, marzo 25, 2011

La misma cena romántica

- Con ese amargor tan extraño no puede ser vino - dice.
La música clásica abandona los altavoces haciendo un paisaje de notas en el aire. Las velas dibujan sombras en la pared y la ensalada de queso azul muestra sobre la rúcula tatuajes morados hechos con el vinagre más caro del mundo. Ella, aún con ropa de calle, sostiene la copa entre sus dedos y observa a su novio. Él ha dispuesto la misma cena romántica de todas las últimas noches.
- Cariño, ¿de que bodega es este tinto? – pregunta.
Su chico sonríe, pálido, al enseñarle los brazos.

martes, marzo 22, 2011

Imaginación

- Araña, me llamo Araña.
Francisco tomó ese nombre pegándose a él como una lapa. Para cinco años cinco letras. "La televisión le mostró al tipo ese saltando entre edificios y capturó irremediablemente su imaginación", decía su madre.
El niño al regresar del colegio se encerraba en su cuarto, a oscuras, y nadie sabía nada de él hasta que su hermana entraba en casa. Entonces salía dando brincos hacia ella, lanzando los brazos para atraparla. Ella respondía con un golpe, una burla o una mueca quitándole de en medio como si nada.
Sus padres se marcharon el primer fin de semana de octubre. Habían planeado el viaje desde que su hija mayor cumplió catorce años. Salieron en cuanto ella llegó de la clase de ballet, aún vestida con la falda blanca y el maillot rosa para presumir de camino a casa.
Al cerrar la puerta llamó a Francisco con un grito en el que la palabra estúpido resonó justo antes del silencio. El niño no salió a recibirla como otros días. Le buscó en el salón, el baño y la cocina. Finalmente, imitando a su madre, se acercó a su habitación y encendió la luz con un golpe en la pared.
Francisco, saltando desde un lateral, le inyectó el veneno en el estómago y, abrazándola, dejó que se durmiera en su telaraña.


sábado, marzo 19, 2011

Si la espada mata

Si la espada mata y la espada se dirige hacia mi cabeza soy yo el que muere por ella.
Difícil.
Si la espada veo y la espada esquivo podré girar sobre mis talones para salir corriendo y seguir, quizá, vivo.
Entonces.
¿Izquierda o derecha?

19. Prohibido escribir un cuento cuando el autor ya conozca de antemano el final. Prohibida la premeditación. El relato es la huella que deja una deriva.

miércoles, marzo 16, 2011

Esquizofrenia


Para evitar accidentes y sustos innecesarios el profesor de autoescuela se esmeraba en dejar muy claro que tanto el fantasma gris como la serpiente verde no acostumbraban a respetar la señal oscura del prisma con forma de triángulo equilátero.

domingo, marzo 13, 2011

Cinco palabras para un infarto

¿Por qué me mira así? – soltó.
Cinco palabras para un infarto.
El turista cayó al suelo como una piedra. La mujer huyó dejando a su esposo indefenso bajo el cuerpo que se inclinaba ante él. Este, al sentir la mano helada sobre su rostro, perdió el conocimiento.
En la puerta de entrada ella gritó buscando ayuda logrando llamar la atención de uno de los empleados.
- Tranquila señora, cálmese por favor - le dijo conciliador -. Es importante que no alarme al resto de visitantes de nuestro precioso museo de cera.

jueves, marzo 10, 2011

En el ascensor huele raro

En el ascensor huele raro. Los pasajeros, vestidos para la ocasión, soportan un olor ácido que transforma la ropa de uno de ellos en un disfraz. Dos personas de modales exquisitos entre las que se dispone un esfínter relajado.
Comienza el ascenso hasta la azotea. Uno cruza los dedos y el otro carraspea. No dicen nada y sus narices se arrugan por dentro con disimulo. Que no se note que se nota.
Se adaptan al olor conforme transcurren los pisos y la pantalla cambia los números en rojo monitorizando el paseo. El olor a huevo podrido parece menos molesto con cada metro ganado. Poco a poco se relajan, con cuidado en sus orificios, y reconducen su pensamiento a la fiesta que les espera bajo el cielo.
El elevador se detiene con un bote. El de los dedos cruzados abre la mano y el otro carraspea falto de recursos.
La puerta se abre y se dejan paso el uno al otro en señal inequívoca de cortesía. En la azotea el murmullo de la fiesta depura el aire, como un perfume, y ambos se diluyen en las conversaciones interesantes que allí se regalan. Una vez mezclados en la muchedumbre, ya no huelen absolutamente a nada.

lunes, marzo 07, 2011

Todo tan lejos

Disfruto del pinchazo, disfruto del contacto de la jeringuilla, de la aguja, penetrando la piel para diluir en la sangre el opiáceo que dará paso, seguro, al siguiente escalón terapéutico. Ya no hay marihuana en la terraza y mis vecinos han llamado a los bomberos alertados por el humo que sube hasta su casa.
Todos saben a que huele y todos temen otro olor.
Disfruto de mis lágrimas dando paso a un nuevo mundo. Armonía con lo que me rodea, silencio alrededor, mientras empujo el émbolo hacia esas entrañas que han revuelto mi vida.
Paz.
Tranquilidad.
Las manos dejan de reír, ya no duelen los nudillos y la presión en el pecho es como una nana que duerme los sentidos.
¿Quién soy y para qué soy?
Apenas alcanzo el bote de pastillas mientras me tiro desnudo sobre la almohada llena de restos de comida. La cama será una nave al paraíso.
Abro la boca haciendo chispear Valium sobre la lengua. No sabe a nada y la corriente de agua que cae a borbotones sobre el paladar no deja huella sobre la mucosa sonrosada y tierna. Comprimidos que alcanzan el estómago para abrirse en su interior como una rosa bajo la luz del sol. Supongo que ponerme romántico, poético, es un regalo de despedida.
Los golpes, el timbre, los gritos. Todo tan lejos que ya no importa.
En la salud y en la enfermedad, alto y claro.
Está a mi lado.
Lo hice por ella.

18. Prohibido escribir bajo los efectos del alcohol o las drogas (Prohibido supeditar la ebriedad y el trance a algo distinto del propio acto de escribir).


viernes, marzo 04, 2011

Me acuerdo

Me acuerdo del sonido de la correa golpeando contra el suelo y de lo largo que se hacia el pasillo hasta mi puerta.

martes, marzo 01, 2011

El artista

¿Por qué me mira así?, ¿quiere ligar conmigo? – dice.
El especialista se lanza al vacío sabiendo que borrarán su mofa a cámara. Su cuerpo será la percha para la estrella miedosa y mediática que deja protegida dentro del avión.
Todos los días haciendo de él, soportando su artificial dramatismo antes del corten. El doble se sabe imprescindible para que él sea único.
Al ver la señal tira de la anilla del paracaídas. Escucha un chasquido que convierte la caída en un zoom vertiginoso al suelo.
Arriba, entre gritos, el artista articula su rostro.
Piensa en algo triste para sacar sus lágrimas a escena.

sábado, febrero 26, 2011

El matemático

Con diez dedos sobre las dos copas el matemático de bocas replicadas desplaza en el aire el brebaje. A su lado la gente duplicada no para de emitir ruidos estridentes, palabras extrañas. Ondulan en paralelo a su paso y él camina entre adoquines formando cubos con farolas apostadas en la calle como porterías de fútbol sin larguero.
No es tan tarde como debería y la calle aún está llena de caminantes de cuatro piernas que le dificultan avanzar río arriba. Los coches, a modo de naves espaciales, dejan un borrón luminoso al deslizarse sobre el asfalto. El paso de cebra como escalera mecánica en horizontal y cada escalón, cada bordillo, como cordillera en miniatura.
El primer vómito le sabe ácido y mancha las cuatro puntas de sus cuatro zapatos. Con el segundo saborea el tequila que pende de un hilo de saliva desde su lengua.
Reconoce al señor de dos cabezas que siempre le pide dinero sentado en un taburete. Está cerca de casa y comienza a buscar las llaves en uno de los tres bolsillos y medio de su pantalón. Le resulta difícil articular sus dos índices derechos con sus dos dedos gordos derechos para hacer prensa en el agujero negro de sus vaqueros.
El portero se acerca caminando como una araña, ocho extremidades negras le cogen bajo los brazos izquierdos y lo depositan en el interior del ascensor. Siente nauseas al elevarse.
Introduce la llave después de diez intentos y cuatro arañazos a la madera. Da un par de vueltas al girar el pomo de la puerta y entra en la casa boca abajo. Se quita los zapatos tirándose en el techo. Cae en la cama centrifugando su cabeza sobre la almohada, las cuatro manos agarrándose a las sábanas y los cuatro párpados cerrándose fuerte para no perderse en la espiral áurea de su cuarto. El alcohol emana de su piel y difumina los límites de su cuerpo como en una nebulosa.
El matemático cae dormido e inicia oposiciones para resaca. Al despertar todo se habrá dividido entre dos. Su vida será la mitad sin ella y él tenderá a infinito como múltiplo de nada.


miércoles, febrero 23, 2011

En aquellas circunstancias

- Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa.
Y no le importó. Entre la muchedumbre era uno más entre muchos. Avanzó con el pedazo de carne secándose entre los dedos y la paciencia al límite. Llegó su turno y entregó el bono para la ración; el último del taco que le dieron al entrar.
- No tengo más – dijo al soltarlo.
Abandonó la línea preocupado por conseguir nuevas raciones y decidió cambiar de nombre para probar en la fila de la derecha, la de las estrellas amarillas.
En aquellas circunstancias lo más lógico era llamarse Abraham.

domingo, febrero 20, 2011

Boina verde

Tres botes de cerveza con alcohol, las manos temblorosas, un pedazo de queso manchego, los dedos frágiles, un pan de pueblo, horneado en el centro de Madrid, y una boina verde calada hasta las cejas que oscila con el vaivén de unos ojos llorosos de tanto haber visto. Esperando de pie en la cola para pagar, detrás de una señora y delante de un joven de barba recortada que ha comprado vino tinto para una comida imaginaria.
El anciano deja la compra sobre la cinta de goma y sitúa con un golpe seco la barra de metal que separa lo que va a pagar de lo han elegido los que le emparedan con sus cuerpos. Las manos rígidas, limitadas por una artrosis sonora, y los codos desplegándose como pequeñas grúas oxidadas hasta dejar todas las cosas sobre la superficie que comienza a desplazarse. Paga sacando las monedas una a una y no deja que nadie le meta prisa en su búsqueda por el último céntimo. Las bolsas de plástico aparecen como castigo, y termina por abrirlas llevándoselas a la boca, soplando el borde con los labios pegados bañando con una pequeña lluvia de saliva el pelo cardado de la dependienta.Mete el queso, mete el pan y mete dos botes de cerveza. El tercero se le escurre y cae al suelo. No se rompe y el anciano intenta cogerlo antes de que empiece a rodar hasta un lugar inalcanzable para sus paso lentos y sus rodillas de imitación.
El pie del joven aparece entonces al rescate y detiene el cilindro con el canto interno de sus zapatos. Se agacha, sonriente, y le devuelve al señor su cebada. Este se le queda mirando, bajo la boina verde, como un marine en la trinchera, y niega con la cabeza. Abandona la tienda dejando la mano joven, las piernas ágiles y el rostro sorprendido mirando su espalda.
- No se beberá esa cerveza - comenta la dependienta mientras cobra la botella de vino. - Ayudarle es la única forma de quitarle las ganas.


ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

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