viernes, noviembre 11, 2011

Montador

Tomas fue el mejor montador de cine posible. Escenas dinámicas, ni un sólo error de continuidad, la historia narrada como tejiendo un jersey para el más inhóspito de los inviernos. Sin espacios y sin fisuras, ni una sola incongruencia en la pantalla. Su funeral fue muy concurrido y los invitados desfilaron ante su ataúd en un orden casi cómico. Guionista, productor, director y actores. La familia lloraba desconsolada bajo las palabras de ánimo de famosos desconocidos. Cuando llegó el momento de abandonar el teatro más de uno esperaba una tijera gigante haciendo negro en la escena. El presentador de voz potente hizo llamar a la mujer de su vida para leer unas palabras. Con el silencio se aparecieron dos señoras sobre el escenario. Una joven para él y otra coetánea para sus arrugas. Ni os imagináis la cara de sus hijos con el ataúd ya sobre los hombros. A Tomas se le vino abajo la mentira después de que le hubiera llevado una vida editarla.

martes, noviembre 08, 2011

Las chaquetas me estorban.

Se llevan la ropa negra, la que cuelga al final porque no se usa. Las chaquetas me estorban. De hecho me estorba la oscuridad y el olor a naftalina. Esto no lo merezco. No ahí nada como ese yunque de acero sobre el que me golpearon hasta dibujar una interrogación siniestra en la punta. Después a la muñeca, sobre huesos, para disimular con una curva la falta de dedos. Tiempos de salitre y sogas. Me llevé unas cuantas carótidas antes de caer en el fondo del mar hecho muñón de una prótesis. La historia que nunca termina. Con las algas haciendo melena y algún pez buscando desahogo se lanzó la red para pescar metal entre cuerdas. La sorpresa, barbas pobladas y la voz ronca de un hombre con aliento a mil demonios. Un regalo para el capitán que me observa en la noche, como si todos los marineros de cicatriz supieran leer el pasado entre los arañazos. Era valioso, un tesoro, un ancla hacia alguien en algún tiempo remoto. Y de ahí a una urna sobre la mesa del puente de mando. Entre tormenta y tormenta, haciendo del apellido un legado que planta semilla. El capitán se hizo abuelo, canas entre las canas, y del hijo surgió un inepto que no toleraba la sal entre maderas. Mejor la ciudad y mejor la tierra firme que no hay mareos. Como si el mundo no diera vueltas. Mejor emplear el dinero de toda una vida en crear un imperio de mentiras para la mesa de los que van sobre quieto. De repente me disfrazo en tesoro, un legado, algo que viaja de un pesquero hasta la repisa de una estantería de caoba raptada del trópico. Diálogos entre metal y madera para pasar las noches. Pero el hijo tiene otros hijos que entre dinero ajeno, lejano, se hacen estúpidos de tanto poseer. Tiempo que hace su trabajo. Y poseen esposa, amante y varios niños que por pequeños experimentan golpeando la casa con manos perezosas que sólo se abren para pedir algo. La estantería, coja, como el pirata viejo, se tambalea hasta presumir de equilibrio con esos juegos de niños que la estremecen. A las del trópico les gusta que las soben. Desde la urna recuerdo una tormenta, como la de aquel día en la que el muñón se me hizo eterno, y caigo para buscar algo caliente que salpica en rojo. Todo son gritos y me olvidan ahorcado en una barra de metal. Entre camisas y chaquetas, perdido entre esas perchas amaneradas. Preferiría, bien lo sabe la mar, mil veces su funeral.

sábado, noviembre 05, 2011

En noviembre

En noviembre, con el frío llamando a la puerta y todos los tópicos del mundo haciéndose pocos bajo la manta, el niño rico mira la tele con ansia. No quiere ver los dibujos, nada de series absurdas ni partidos de fútbol. Él busca en los intermedios, se aturde la mente con los anuncios, mientras anota el nombre de todos los juguetes que aparecen en la pantalla. Utiliza unos símbolos extraños, números que se mezclan creando el código de un matemático que no sabe aún del infinito. Este año los reyes no tienen excusa. Si aparece un hermanito de marca el lo pondrá en mayúsculas rojas en el centro de su carta.

miércoles, noviembre 02, 2011

Se pone difícil

El sobre se dobla entre las manos y escapa con un latigazo. Huye como un pájaro pájaro blanco tatuado con siglas. El hombre sonríe, alza sin éxito las manos para atrapar al animal de celulosa. Es el primero del colegio y todo alrededor son cámaras que chasquean. Fotografías que puestas una tras otras harían película de ese instante. El documento nacional de identidad entre los dedos, un paraguas, la camisa limpia y una sonrisa de compromiso. Haciendo equilibrio para no perder el ídem en busca del papel que revolotea alrededor. El presidente y los vocales se mantienen atónitos mientras observan como el sobre se eleva, toca el techo y atraviesa el aula para tirarse por la ventana. Tímidos aplausos dan ánimos al votante frustrado. Se marcha cabizbajo, padre de un voto nulo. Su nombre se tachó de la lista y perdió la oportunidad de ejercer un derecho que se le ha puesto rebelde. El siguiente se acerca a la urna con las cejas muy juntas, sospechando. Dice su nombre y hace un chascarrillo. "Se pone difícil votar cuando ni las papeletas se atreven". Después toma el sobre con fuerza y dirige su mano al centro de la urna.

domingo, octubre 30, 2011

Pues no comas

- Hoy no tengo hambre.
- Pues no comas.
- ¿Y si no tengo nunca más hambre?
- Pues te pasara lo que al abuelo.
- ¿Qué tendré arrugas?
Es en ese punto cuando el padre descubre que no es un buen momento para hablar de la muerte.

jueves, octubre 27, 2011

Un chico joven, soltero y rubio

- El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral del Vaticano.
- ¿Estás seguro?
- Sí, era un pobre diablo en polainas. Ese no entraba ahí ni loco.
- Pero eso no es lo que dicen los periódicos.
- Joder, las noticias de los periódicos no son más que mentiras con foto. Publican lo que deben publicar.
- Pero…
- A ver. Un chico joven, soltero y rubio aparece con el cuello rebanado y sin pantalones. Si fuera un don nadie o se dedicara a vender pipas pues se busca la verdad pero siendo comandante del tema ya sabes.
- Pues no sé.
- ¡Joder Pietro pareces nuevo! Decir que le limpiaron por no creer es peligroso, hacen falta huevos. Mejor inventar una muerte de mierda tirando al sobrante en la cama de un puticlub.

lunes, octubre 24, 2011

Minifalda

La gente no sabe que sin piernas no hay minifalda. Y María camina, todas las estaciones del año, con las piernas desnudas como una amenaza. No importa, no hay vergüenza. Sacrifica estética y sacrifica salud. María sacrifica, con esas dos palabras ya tienes su lema. Disputa las baldosas con cada paso. No hay pie a su lado que le haga competencia. En el barrio la oyen venir y los viejos, los aburridos, los tenderos y hasta las mujeres bajo las gafas de sol la miran pasar. Ahí va María con su minifalda en verano. Ahí va con su falda de menos de cuarenta centímetros, atrapada entre copos de nieve que le hacen adorno. La gente abre la boca, una "O" mayúscula entre labios, los hombres sacuden las manos como para que la sangre no se agote toda en el mismo sitio. Ella, como una pantera, va calle arriba y calle abajo haciendo una jaula de envidias alrededor. María no tirita de frío ni siente que llueve cuando las gotas protestan sobre el paragüas. A ella le da igual y abre el armario todas las mañanas para rescatar otro pedazo de tela, casi un cinturón, que le cubra los muslos hasta donde tiene los cortes. Se peina, se pinta y coge los bártulos. Las piernas le rozan un poco antes de entrar en el muñón.

viernes, octubre 21, 2011

LMP

- Queda usted detenido.
- ¿Cómo?
- Queda usted detenido ante probable homicidio involuntario.
- ¿Qué?
- ¿No fue usted quién regalo a LMP un diccionario de acrónimos?
- ¿LMP?
- Luis Martínez Pérez.
- ¿Qué le pasa?
- Mejor diga le pasó... Usted es el culpable.
- No entiendo.
- El diccionario estaba en su mesa y su nombre en la primera página.
- Quería recordar quien se lo había regalado.
- Pues se lo regaló su asesino.
- ¿Cómo?
- Lo dejó escrito. "Por culpa del IVA y el IRPF no me queda más remedio que el RIP".
- Esta de broma.
- Junte las muñecas señor Ismael Vélez Alcaraz, hay prisa, usted es tan sólo el primero de los tres.

martes, octubre 18, 2011

Liso y sin brillo, sin reflejos.

Ligero, para levantarlo sólo con la fuerza de un hombre. Liso y sin brillo, sin reflejos. Ángulos rectos que encajaban unos con otros haciendo ver un continuo de metal. Hermético, con válvula de vacío. Silencio inabordable en el interior y un cómodo revestimiento para disfrutar de un aire depurado cada seis horas mediante flujo de Bernouilli.
Las llamas lo envolvieron incapaces. Quedó intacto.
El ingeniero de la NASA hizo un gran trabajo con su ataúd.

sábado, octubre 15, 2011

Vibración


(Dos teléfonos al caer la tarde.)


"Cariño tengo mucho trabajo. No ceno en casa".

(Un par de llamadas)

"¿Qué pasa? Estás bien. ¿Trabajo?"

(Vibración en la mesilla de noche.)

"Sí. Cosas de última hora."

(Sonrisa. Libro interesante como compañía.)

"¿Te queda mucho?"

(Vibración en el bolsillo.)

"Duérmete. Hasta la madrugada estaremos liados"

(Sorpresa, un vaso de agua.)

"Te quiero. Ten cuidado al venir"

(Letras que bailan.)

"Trnkila me pillo un taxi xra no conducir"

(Amanece. Almohada sin compartir.)

"Cabrón tu nunca has escrito así"

miércoles, octubre 12, 2011

El primer trago

El hombre rico hace bailar el whisky con hielo hipnotizándose con el ámbar centrífugo de la bebida. Recorre con sus ojos el enorme puro en su mano derecha y el discreto anillo de oro en el anular de su mano izquierda. Pijama de seda sobre las arrugas, las piernas cruzadas hasta donde permiten las prótesis de titanio clavadas en sus rodillas.
El anciano observa el espejo de la habitación para enfrentarse a dos mujeres recién despertadas bajo sábanas blancas y resaca de champán caro. Señala la cartera con los billetes doblados para encontrar cuanto antes el vacío.
Entre sonrisas estúpidas le dejan sólo, no dan un portazo. Las vistas a la playa transmiten serenidad para el que la quiera.
Juguetea un rato con las pastillas azules en su boca antes de vaciar el vaso con ellas.

domingo, octubre 09, 2011

Agosto

Le faltaban bufanda, guantes, jersey de cuello alto. Le faltaba el pantalón de pana con la rodilla derecha rota y las botas de montaña que le aprietan los tobillos. Le faltaba el gorro de lana, la vaselina para los labios. Le faltaba el silencio con vaho, el calor de una chimenea de metal y la sensación de llegar a casa cuando abres la puerta de cualquier sitio. El mundo hacia verano y el Sol era testigo de una injusticia más entre muchas. Agosto y tanto frío después de un beso. Invierno al ver cómo ella se marcha y él no sigue sus pasos.

jueves, octubre 06, 2011

Entre tanta delicia

Entre tanta delicia las manos tiemblan, como si hiciera frío bajo la piel y fuera un truco para disimular los nervios . Nadie quiere lo que él necesita. El olor, suave nube de ácido, atraviesa la nariz como un ejército de estímulos. Con los ojos cerrados, como sentado en silla de madera de respaldo muy tallado, se babea por comisura las ganas de saborear un premio. Saliva de paseo entre barba de infinitos días. La garganta seca, el esófago nudo como puente a un estómago desentrenado y el intestino listo para revancha, vellosidades ávidas, haciendo que el páncreas se encoja como un muelle a punto de saltar. Inspiración profunda y primer bocado que se rompe en mil pedazos viscosos. Las arcadas no son castigo. Gran delicatessen la basura.

lunes, octubre 03, 2011

La mujer

De vez en cuando Honorio se saca las manos de los bolsillos. No es un sacar de manos habitual, arquea los codos como haciendo sitio a un par de escopetas. Cuando saca a pasear las falanges es porque tiene algo sobre lo que hacer presa y parece que el tipo del bigote se está pasando de afortunado con la tragaperras.
Honorio habita al final de la barra, donde se juntan en el mostrador las tapas en vinagre con las croquetas. Es raro verle lejos de su copa rallada de tanto pasar por esa máquina que hace las veces de lavavajillas. Honorio estudia a los clientes, vigila a sus camareros y acojona a la cocinera para que no se permita ni un pelo de pestaña en la comida. Cuando pasea entre las mesas del bar la clientela le hace pasillo porque le saben jefe entre indios. Al entrar ella Honorio se queda quieto y articula en su cara algo parecido a un gesto de sorpresa.
- Al final de la barra hay hueco -dice con aliento a gas propano.
La mujer le mira de arriba abajo y Honorio siente turbulencias en el estómago. Ella pasa junto a él directa al taburete que ha dejado vacío al empezar la ronda. Las pupilas de los parroquianos viajan de un lado a otro disimulando mientras Honorio ayuda a la mujer a sentarse. Las manos regresan a los bolsillos, los puños cerrados, con la máquina vomitando monedas como una ametralladora. La mujer pide un café y Honorio sonríe pensando en la suerte que tiene el del bigote, si no fuera porque ha llegado su madre le reventaba la cabeza.



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