- Primero tragar, luego pensar. Primero tragar, luego pensar... - repetía en su debut el joven caníbal.
14/04/09, las 02:45 de la madrugada, siendo el paciente que espera a su paciente.
- Achaca a los jesuitas su sentido de culpa. Algo habrá hecho – le espeta el fiscal antes de darse la vuelta.
El loco observa a la audiencia. Todos le miran igual. Sus ojos dicen culpable y sus oídos no quieren entender a razones.
Nadie le escucha y decide que no abrirá más la boca.
El tiempo le dará la razón.
- Pena de muerte – dice el juez antes de golpear con el martillo.
El loco se levanta y extiende las manos para que le esposen.
Que pasen los días.
Es inocente.
Cuando lo descubran, en un futuro cercano, todos los que ahora le juzgan pagarán lo que deben.
Ilusos, celebrarán la condena.





En la puerta había una gorra negra.
Primer aviso.
Al abrirla un olor ácido me golpeó la cara.
Segundo aviso.
Cuando encendí la luz me deslumbré un instante.
Tercero.
Cerré los ojos y me golpeé al moverme con una silla.
Ese era el cuarto.
Dije una palabrota, muy alto, y nadie comentó nada.
Iba por el quinto.
Despegué los párpados y el cuarto estaba vacío.
Sexto.
Su ropa hecha un montón sobre la cama.
Al séptimo me asusté.
Dije su nombre y escuché un par de gritos llegados desde la ventana.
Octavo.
Estaba ahí abajo.
Noveno, con lágrimas en los ojos.
Paseando desnudo.
Décimo.
Viejo cascarrabias.