- ¿No le regalarías también el collar? – le dijo con mirada cómplice.
- Aterrador y terrible – respondió abandonando después la tienda a la carrera.
Le vio alejarse a través del cristal del escaparate y guardó, sorprendido, el anillo en su caja.
Aterrador.
El dependiente, sin venta.
Terrible.
El novio, sin ganas.






