domingo, diciembre 11, 2011

Tres contra uno

Desde lejos se les señala como cuatro fantoches que se han disfrazado para llamar la atención. Tres contra uno y los vasos llenos de whisky sobre la mesa, parece que resulta más sencillo estar borracho cuando te la juegas. Alrededor ocho elfos observan cada movimiento mientras los camellos escupen saliva, con mirada torva, sobre la arena de la playa.
Terreno neutral.
La eternidad es demasiado tiempo y eso de compartir no se lleva bien. El hombre de rojo, seis meses sin afeitarse la barba, lo quiere todo para él. Anuncios, regalos y protagonismo. Ya está cansado de ser propietario de tan sólo el oeste de las ilusiones. Los otros, los tres amigos de sonrisa falsa, llevan más de un siglo con ideas de expansión. Sus capas brillan demasiado como para conformarse con unos cuantos países. Para ellos las noches son una tortura llena de estrellas, demasiadas tentaciones en el cielo.
Después de muchas negociaciones llegaron a un acuerdo. Los renos hicieron varias vueltas al mundo buscando métodos sencillos para obtener un vencedor irrefutable. Les fue difícil pasar desapercibidos en casinos y callejones, sobre dos patas es difícil esconder los cuernos.
Lo harán por turnos. Moneda al aire para ver quién empieza. Si le toca al gordo el gordo pierde, si le toca a alguno de los monarcas palmarán los tres.
Firman un papel marrón con tinta mágica, los elfos son maestros para estas cosas. Después beben un trago, brindan, se sonríen, mientras un enano verde lo deja todo preparado. Las olas al fondo generan un ambiente extraño, como de ascensor al aire libre, que relaja por un momento la tensión.
La moneda al aire y toca cara. Los cuatro se miran con un gesto estúpido hasta que el negro se carcajea. Será el primero y se engaña pensando que es el que más fácil lo tiene.
Los dedos enguantados del mago se deslizan sobre la mesa hasta la empuñadura. Al llevar el cañón contra el lateral de su frente le sorprende lo poco que pesa.

jueves, diciembre 08, 2011

Tal para cual

- ¿Qué tal cariño? Deja las cosas sobre el sofá, no pasa nada. ¿Mucho trabajo? Siéntate, siéntate. Te he preparado sopa, calentita, con mucho caldo, como dice tu madre. Vaya día, tienes pinta de haber trabajado mucho. Dame un beso... pero mira que eres arisco. Pues yo he estado leyendo, no todo el día. Porque si leo todo el día no te hago la comida, no te plancho los trajes y no te limpio la casa. Espera, toma una servilleta. Pues como te decía he estado leyendo, no he puesto la tele ni un segundo. Siempre me dices que veo mucho la tele así que hoy te he hecho caso. Y ha sido interesante. Me he puesto un te, casi un litro, y me he sentado junto a la ventana. ¿Quieres pan? ¿No? Bueno. Pues eso, me he sentado ahí, en el sillón y me he puesto a leer. No veas que interesante, ¡cuanta razón tienes! Un segundo, que te echo agua. ¿Quema? Lo siento, no tengo aún cogido el truco a la temperatura. La cosa es que se me ha pasado la mañana rapidísimo. Sin tele ni nada. De vez en cuando pensaba en ti. En lo bien que hiciste de joven siendo tan estudioso. Y en lo bien que hiciste en casarte conmigo para que alguien te cuidara. ¡Somos tal para cual! Deja la corbata ahí si quieres. ¿Pica? Es una receta nueva, el libro que me he leído era un libro casi de cocina. ¿Te acuerdas que uno que me regaló tu madre? ¿Estás bien? Mira es este. Un superventas. Lo ha escrito el periodista ese de barba que tiene el programa de sucesos en la primera. Te cuenta un montón de casos sin resolver pero el tío, fíjate qué listo, tiene una explicación para todos. Te explica un montón de recetas, de venenos. Yo creo que hay que ser muy listo para que te pillen. Oye, ¿no te gusta la sopa o qué? No me cabreo si no te la tomas entera, con que la que te has tomado me vale.

lunes, diciembre 05, 2011

¿Cuanto cuesta?

El escaparate repleto de éxitos. Un antes y un después rotundos, sin miramientos, nada de grasa donde no se merece. Caras serias con estómagos planos recién adquiridos.
Al otro lado del cristal un local de paredes blancas, dos estanterías. Revistas del corazón mezcladas en abanico con publicaciones científicas. En combinar está el gusto.
Los muebles de madera y las sillas, cuatro, se pegan a la pared. Dos a un lado y dos a otro, para crear un pasillo ancho, como los clientes, hasta la puerta cerrada de la consulta.
Paredes limpias, sin carteles pidiendo silencio porque no hace falta. El gotelé presagia sudor en la piel de los que acuden. De vez en cuando se escucha el sonido de pasos, la única pista para que se prepare el siguiente.
Cuatro adultos, dos hombres y dos mujeres, se derraman sobre las sillas. No se mueven, encajados, llenando la cabeza con ideas de triunfo sobre la grasa. Tan sólo piel sobre piel sobre piel. Tan solo pliegues con venas pequeñas que rompen en puntos rojos cuando hace frío.
Se abre la puerta y el último paciente cruza el local sin levantar la cabeza. En sus brazos dos líneas hacen ver que es ahí donde ha empezado a ser efectivo el tratamiento. El cuerpo todavía redondo abandona la clínica para hacerse estorbo en la acera.
Una mujer de blanco asoma la cabeza, sonriente. Dice el nombre del nuevo y el nuevo se despega de la silla. Su cintura mantiene la forma de los reposabrazos el tiempo suficiente como para sorprender a los que ya no se acuerdan de lo que era eso.
Suena el pestillo. Los que esperan reinician la lectura, el silencio, al tiempo que la silla chasquea tomando descanso. Al otro lado de la pared se inicia el intercambio.
Transcurrida media hora se abre la puerta y el nuevo cruza el pasillo. Esconde las lágrimas aprovechando un pliegue entre los párpados. No se despide. No mira el cartel del escaparate que le llamó la atención. Ahí se deja claro que "El único precio es la felicidad". Un gordo triste es un flaco en ciernes. Volverá la semana que viene con diez kilos menos. Esto acaba de empezar.

viernes, diciembre 02, 2011

¿Por qué no le das tu cartera?

Se topó de bruces, como un muro contra el viento. El mendigo negro, con gorro de lana y dientes blancos, le enseñaba el periódico envuelto en plástico, una bandera que ondeaba pidiendo socorro. Él, mañana fría y soleada en la mente, pasaba de largo con un buenos días que se congeló en la primera sílaba.
Pero se detuvo.
Una pregunta en su cabeza hizo aparición, un fogonazo que surge desde la ignorancia a la estupidez. Se hizo una entrevista mental que se inició con siete palabras.
"¿Por qué no le das tu cartera?".
La discusión echó chispas.
Puede que esa pregunta se la inoculara el mendigo gracias un poder africano que hacía más efectivo estar en la calle con la palma hacia arriba. O fue quizás un embrujo, una especie de vudú para dar lo que tenemos sin remisión, para ser más justos y parecer más buenos.
Él se revolvió contra la idea, luchador incansable. Sintió como su cartera ascendía en el bolsillo buscando el exterior frío de noviembre. A su lado los dientes blancos seguían ahí, acompañando un periódico caducado con más recuerdos que noticias.
"¿Por qué no le das tu cartera?"
El hombre sacó la piel de vaca, resignado, y dio un par de pasos atrás sufriendo las consecuencias de la derrota. Rebobinó para ponerse junto al mendigo que bajó el periódico extrañado. El hombre dejó caer su cartera sobre la palma todavía abierta. El hombre no tuvo tiempo de preguntarle antes de que se largara, deprisa, dando la vuelta a la esquina.
Ya más tranquilo anduvo un par de manzanas deteniéndose junto a un semáforo. Miró a izquierda y derecha, a su lado una mujer daba besos a un niño. Sintió un latido, otra interrogación.
"¿Por qué no cruzas en rojo?"

martes, noviembre 29, 2011

Inmóviles (variación)

- Por fin quietas.
El marido acaba de llegar del trabajo. Está cansado, huele a sudor y no ha comido por un proyecto atrasado. Observa en silencio.
El hijo, adolescente de flequillo sobre frente llena de granos, tiene la boca abierta. La música le revienta los tímpanos desde los cascos.
Los dos observan a la mujer y madre. En el suelo una venda algo ensangrentada. La cama desecha y ella dando saltos como una loca.
- ¡Lo tenía que haber hecho mucho antes! - grita a sus enormes pechos inmóviles bajo la ropa.

sábado, noviembre 26, 2011

Inmóviles

Por fin quietas, inmóviles en su belleza, esculturas de un sueño. Ella estaría contenta, merecía lo mismo pero no tuve tiempo. Se fue de mis manos a otras manos. Seguro se arrepentirá de ello. Ha sido difícil, demasiado detalle para minúsculas imperfecciones. Pero el trabajo está hecho, horas bajo la lámpara que dan su fruto. María y Laura, perpetuas para su padre. Escondidas y abrazadas. Ellas saben que no es más que un juego.

miércoles, noviembre 23, 2011

Genocidio

El otro día estaba con Mariano, el esquizofrénico del barrio, mientras soltaba una de sus charlas filosóficas sobre la vida y el mundo, sobre las cosas en general. Según dice es capaz de entender lo que dicen los animales de ciudad. Como si hablara su idioma y fuera un traductor universal. Asimila todo tipo de dialectos por debajo de la línea del homo sapiens sapiens. Al parecer los temas de conversación animal versan sobre preocupaciones mundanas. Los perros ladran para llamar la atención, los gatos maúllan preocupados por la economía y cómo esto afecta a las ventanas abiertas, los pájaros pían entre aire corrupto y las moscas, cada vez más contentas, zumban alegres por el incremento en el número de rincones de mierda. Mariano está enfermo, eso dicen los médicos y la caja de pastillas que le acompaña a todas partes. Pero cuando me contó que las hormigas, trabajadoras incansables, piensan que son ellas las que dominan el mundo me entraron ganas de comenzar un genocidio. Son demasiadas y no está la cosa como para fiarse.

domingo, noviembre 20, 2011

Cogiéndole el truco

- No te agobies, no tienes porque terminar todos los relatos que empiezas.
- ¿Cómo?
- Pues eso, hay veces que no es necesario un final. Es más importante lograr que el lector piense, que ponga de su parte.
- ¿Seguro?
- Segurísimo.

jueves, noviembre 17, 2011

La foto

El escritor, habitual en esos ambientes, se deja la bufanda a rayas alrededor del cuello. También se ha dejado, en todos los sentidos, la barba de tres días, los pómulos pronunciados y unas ojeras magníficas. Con una copa de vino y un cigarrillo, aunque no fumó en su vida, escucha las indicaciones del fotógrafo. Después de más de cincuenta chasquidos parece que el amo de la cámara ha redescubierto su lado bueno. El perfil sobre fondo blanco, el ojo izquierdo pegado al objetivo, para mirar por infinito al infinito, para que la nariz apunté más allá de las páginas olisqueando lo que hay fuera.
El escritor abandona la sesión de fotos sin apenas ponerse ropa, el misticismo del autor atormentado le disfraza también en exteriores. De regreso a su mesa, a su pantalla de ordenador, maldice la necesidad de escribir para terminar poniendo siempre el mismo lado, la misma mano. Le atormenta su perfil en la solapa al pulsar la primera letra de su próximo libro. Cada página es ser menos él para ser más lo que quieren otros. Y termina el primer capítulo con la misma idea que al empezar su pesadilla. La foto mucho mejor de espaldas.

lunes, noviembre 14, 2011

Yo soy como soy

- Tú eres lo que eres porque yo soy como soy. ¡Y punto!
El personage se mantiene en silencio, con los ojos muy haviertos, rrojos, a punto de yorar.
Aora entiende por que su microrelato está yeno de faltas de hortografia.

viernes, noviembre 11, 2011

Montador

Tomas fue el mejor montador de cine posible. Escenas dinámicas, ni un sólo error de continuidad, la historia narrada como tejiendo un jersey para el más inhóspito de los inviernos. Sin espacios y sin fisuras, ni una sola incongruencia en la pantalla. Su funeral fue muy concurrido y los invitados desfilaron ante su ataúd en un orden casi cómico. Guionista, productor, director y actores. La familia lloraba desconsolada bajo las palabras de ánimo de famosos desconocidos. Cuando llegó el momento de abandonar el teatro más de uno esperaba una tijera gigante haciendo negro en la escena. El presentador de voz potente hizo llamar a la mujer de su vida para leer unas palabras. Con el silencio se aparecieron dos señoras sobre el escenario. Una joven para él y otra coetánea para sus arrugas. Ni os imagináis la cara de sus hijos con el ataúd ya sobre los hombros. A Tomas se le vino abajo la mentira después de que le hubiera llevado una vida editarla.

martes, noviembre 08, 2011

Las chaquetas me estorban.

Se llevan la ropa negra, la que cuelga al final porque no se usa. Las chaquetas me estorban. De hecho me estorba la oscuridad y el olor a naftalina. Esto no lo merezco. No ahí nada como ese yunque de acero sobre el que me golpearon hasta dibujar una interrogación siniestra en la punta. Después a la muñeca, sobre huesos, para disimular con una curva la falta de dedos. Tiempos de salitre y sogas. Me llevé unas cuantas carótidas antes de caer en el fondo del mar hecho muñón de una prótesis. La historia que nunca termina. Con las algas haciendo melena y algún pez buscando desahogo se lanzó la red para pescar metal entre cuerdas. La sorpresa, barbas pobladas y la voz ronca de un hombre con aliento a mil demonios. Un regalo para el capitán que me observa en la noche, como si todos los marineros de cicatriz supieran leer el pasado entre los arañazos. Era valioso, un tesoro, un ancla hacia alguien en algún tiempo remoto. Y de ahí a una urna sobre la mesa del puente de mando. Entre tormenta y tormenta, haciendo del apellido un legado que planta semilla. El capitán se hizo abuelo, canas entre las canas, y del hijo surgió un inepto que no toleraba la sal entre maderas. Mejor la ciudad y mejor la tierra firme que no hay mareos. Como si el mundo no diera vueltas. Mejor emplear el dinero de toda una vida en crear un imperio de mentiras para la mesa de los que van sobre quieto. De repente me disfrazo en tesoro, un legado, algo que viaja de un pesquero hasta la repisa de una estantería de caoba raptada del trópico. Diálogos entre metal y madera para pasar las noches. Pero el hijo tiene otros hijos que entre dinero ajeno, lejano, se hacen estúpidos de tanto poseer. Tiempo que hace su trabajo. Y poseen esposa, amante y varios niños que por pequeños experimentan golpeando la casa con manos perezosas que sólo se abren para pedir algo. La estantería, coja, como el pirata viejo, se tambalea hasta presumir de equilibrio con esos juegos de niños que la estremecen. A las del trópico les gusta que las soben. Desde la urna recuerdo una tormenta, como la de aquel día en la que el muñón se me hizo eterno, y caigo para buscar algo caliente que salpica en rojo. Todo son gritos y me olvidan ahorcado en una barra de metal. Entre camisas y chaquetas, perdido entre esas perchas amaneradas. Preferiría, bien lo sabe la mar, mil veces su funeral.

sábado, noviembre 05, 2011

En noviembre

En noviembre, con el frío llamando a la puerta y todos los tópicos del mundo haciéndose pocos bajo la manta, el niño rico mira la tele con ansia. No quiere ver los dibujos, nada de series absurdas ni partidos de fútbol. Él busca en los intermedios, se aturde la mente con los anuncios, mientras anota el nombre de todos los juguetes que aparecen en la pantalla. Utiliza unos símbolos extraños, números que se mezclan creando el código de un matemático que no sabe aún del infinito. Este año los reyes no tienen excusa. Si aparece un hermanito de marca el lo pondrá en mayúsculas rojas en el centro de su carta.

miércoles, noviembre 02, 2011

Se pone difícil

El sobre se dobla entre las manos y escapa con un latigazo. Huye como un pájaro pájaro blanco tatuado con siglas. El hombre sonríe, alza sin éxito las manos para atrapar al animal de celulosa. Es el primero del colegio y todo alrededor son cámaras que chasquean. Fotografías que puestas una tras otras harían película de ese instante. El documento nacional de identidad entre los dedos, un paraguas, la camisa limpia y una sonrisa de compromiso. Haciendo equilibrio para no perder el ídem en busca del papel que revolotea alrededor. El presidente y los vocales se mantienen atónitos mientras observan como el sobre se eleva, toca el techo y atraviesa el aula para tirarse por la ventana. Tímidos aplausos dan ánimos al votante frustrado. Se marcha cabizbajo, padre de un voto nulo. Su nombre se tachó de la lista y perdió la oportunidad de ejercer un derecho que se le ha puesto rebelde. El siguiente se acerca a la urna con las cejas muy juntas, sospechando. Dice su nombre y hace un chascarrillo. "Se pone difícil votar cuando ni las papeletas se atreven". Después toma el sobre con fuerza y dirige su mano al centro de la urna.


ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

DIARIO DE DÍAS RAROS
"Gracias a Alberto García Salido, "No pasa nada de nuevo...", Por mostrarme su magnífica obra..."

ASAMBLEA DE PALABRAS
"... es el blog que edita, desde algún lugar de España, Alberto García Salido. Sus textos tienden a la brevedad, ya sean poéticos o narrativos..."

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