sábado, mayo 21, 2011

Vecinos

Entre los vecinos del edificio no hay palabras ni desdicha. Todos ricos, todos limpios e incomparablemente agradables. Son silencio por las noches, inodoros en la comida, respetuosos en el ascensor y amigables en la escalera. Tintineo de llaves de oro que abren puertas a otro mundo. Coches para ellos, rápidos, de gran cilindrada. Coches para ellas, pequeños, una monada. Élite del mundo empresarial, la medicina y la cultura habitan un bloque de ocho plantas que es camino al cielo o escalera al lujo. No hay nada más que ver a su portero de guante blanco. Él, más de treinta años de experiencia, es el secreto de sus casas. Se deshace siempre de la basura, no deja pistas ni pone trabas.

miércoles, mayo 18, 2011

Como un torbellino

Me encanta la música, por eso me abro camino entre la oscuridad y los cuerpos tambaleándose. Casi no me ven y corto la muchedumbre como un cuchillo templado en bloque de mantequilla. Mi cuerpo es poseído por electricidad, se pone en marcha, como si pudiera ponerme a volar, flotando detrás de mis párpados con los ojos cerrados. Ruedo hasta el centro de la pista de baile y siento como los focos impactan su luz sobre la piel de seres que giran esquivándome alrededor. Soy el centro del universo en un espacio repleto de gente que salta, se besa y bebe alcohol. La música alcanza su cenit y los brazos al techo son el metrónomo que revienta la atmósfera. Alguien me observa y pienso que aún puedo guiñarle un ojo, por los viejos tiempos. Los altavoces vibran haciendo que mi pecho se contraiga, encerrando al corazón para que no escape en una taquicardia. Aprieto los labios y bebo un sorbo de la pajita. El alcohol es la gasolina que me permite seguir adelante. Estiro la lengua y empujo el mando. Giro como un torbellino sobre la silla de ruedas.

domingo, mayo 15, 2011

Todo el pueblo lo sabe

- Pedro está muerto porque no nos lo merecíamos.
El padre delante de las cenizas de su hijo, entre lágrimas que no apagan el fuego que se llevó su cuerpo. Todo silencio, todo cielo negro bajo nubes grises sobre horizonte oscuro. La madre y el padre de la mano, como dos niños con miedo a separarse, abandonan el cementerio. Nadie alrededor, sin familia. Nadie salvo la vecina del bajo que lleva la foto del crío de ojos azules con padres morenos y de ojos negros.
El pueblo les ve pasar con las ventanas cerradas. Casas que son tan solo fachada como muestra de desdén. Cuando llegan al parque los niños dejan de correr tras la pelota y el grupo de viejos detiene su cháchara incontrolable. Ellos caminan sin detenerse hasta girar en la esquina del bar. Encaran la calle que desemboca en su salón vacío. Al pasar junto a la pescadería una de las vecinas salta desde la puerta y se les queda delante. Les corta el paso.
- Pedro está muerto porque no os lo merecíais - suelta con rabia.
Los padres bajan la cabeza y siguen caminando. Abren la puerta y se abrazan en el pasillo. El hombre deja las llaves y abandona la cartera sobre un mueble en la entrada.
- Te dije que no nos lo merecíamos - susurra a su mujer -. Todo el pueblo lo sabe, nunca debimos comprarlo.

jueves, mayo 12, 2011

En la ribera del Egremor

Eres un bastardo. Hijo de hombre y elfo que busca entre las montañas la pista última que le permita recuperar el reino perdido por sus antepasados mediante una treta. Portador de espada corta, arco, flechas de baobab y pequeños cuchillos de hoja plateada que brillan ante la amenaza de los vampiros de la estepa. No llevas casco pero sí una ligera cota de malla que te protege contra golpes de arma roma. Es de noche, has hecho un agujero en la tierra y esperas muy atento que llegue un nuevo día. Cenaste un par de liebres cazadas con ayuda de tu viejo perro. Ahora oyes un ruido, parece que está a tu izquierda. Sabes que si te dejas llevar por el pánico serás descubierto. Delante de ti un enorme muro de roca te impide la huida. A tu derecha el río caudaloso de Egremor donde los peces carnívoros hacen de sus aguas un infierno a dentelladas. Mala suerte. Sientes como tu corazón se acelera, te pones nervioso. No sabes qué hacer. Mierda de vida, ¿verdad?
Ahora tira los dados.

lunes, mayo 09, 2011

Anamnesis

El jardinero disfruta observando las plantas antes de podarlas. Es como si tuviera delante una escultura que él no controla pero que en cambio puede orientar en su belleza. Utiliza siempre las tijeras grandes para las ramas gruesas y las pequeñas para esos pedazos de verde que traviesos se enredan unos con otros, como si quisieran escapar huyendo entre ellas en una limitada carrera. Suele silbar mientras trabaja, guiado por la música que sale desde sus pulmones, haciendo pequeños silencios al juntar las tijeras que dan fin al flujo de savia por la rama. Hoy ha cortado lo torcido, lo romo, lo feo y lo que parece marchito o a punto de hacerlo. Puede que por eso doctor haya decidido cortarse también los dedos.

viernes, mayo 06, 2011

Diez segundos

Cien metros, ocho calles y una meta. Los tímpanos tensos como piel de tambor. Sudor sobre la piel y músculos preparados. A un lado el profesor, el entrenador, el médico y el masajista. Al otro la novia, la madre, la hermana y un par de vecinas. Entre la multitud una multitud. Él nervioso, con los glóbulos rojos cargados de oxígeno para las vacas flacas que se venían encima. La respiración de los otros como banda sonora. Una carrera, un romper de tendones y todo hecho.
- ¡En sus marcas!
Las yemas al tartán. Huellas digitales como zarpas de pantera. La televisión lanzando la imagen de sus piernas de un lugar a otro del mundo. Agazapado, dispuesto a huir tras un disparo. Hombre contra hombres contra un cronómetro.
- ¡Listos!
El árbitro tanteó la pistola. Nadie en la pista salvo zapatillas caras y cuerpos preparados. El viento oscilaba de este a oeste facilitando una buena marca por la especial disposición orográfica del estadio y la estratégica distribución de las puertas de acceso. El arquitecto en su casa feliz, problema resuelto a favor y gloria de la ciudad que pone el dinero. Siempre se corre de récord en capitales que pagan rápido.
¡Pam!
Entre los gritos más de uno pensó en salida nula. Después todo fue caos, muchas preguntas e infinitas manos en la cabeza. La repetición con la sorpresa en los ojos del atleta ofreció la pista. En diez segundos terminó todo, así era como nos tenía acostumbrados.

martes, mayo 03, 2011

Convencido

- Este gordo ocupa mucho lugar, sin duda. Tan sólo tienes que mirarle para concluir que es un extraño entre el resto. Es pequeño, poco flexible. Nada estético y apenas proporciona apoyo a los demás. Parece que está cayéndose, que no quiere estar en su sitio, es como un apéndice arrepentido. Tú tranquilo que cuando lo inutilice no te darás cuenta. No lo echarás en falta ni tú, ni tus hijos, ni los hijos de tu hijos.
El simio, convencido, se dejó hacer.
Pasó mucho tiempo hasta hoy.
Nunca se ha arrepentido.

sábado, abril 30, 2011

El día de su cumpleaños

El día de su cumpleaños observaba el teléfono móvil como el que espera una regalo. Actitud de ya falta poco en todos sus gestos. De pie, sentado, junto a la ventana, incluso caminando por la calle desierta. La batería a rebosar como argumento para seguir mirando la pantalla.
Ni un mensaje.
Ni una llamada.
Decepcionado buscó refugio en la memoria de su teléfono. Abrió la agenda y buceó en esos nombres que se acumulaban en ella como una ristra de letras. Todos alguna vez conocidos pero diluidos por el tiempo. Se preguntó ¿cuantos contactos conoces de todos los que tienes guardados en la agenda de tu teléfono?
Y se agobió.
Y por agobiarse se lanzó a por el papel como formato que guarda lo que realmente importa. Buscó en los cajones el nombre de esa chica. Sí, esa chica que le besó en los labios poniendo un remite a su boca.
No la encontró.
Buscó el nombre de sus padres, buscó a sus hermanos.
Nada sobre blanco.
Encendió el ordenador y navegó en seco por páginas de gente que le quiere, de gente a la que gusta con un pulgar hacia arriba y comenta sus comentarios sobre las cosas que no importan a nadie. Se aseguró de que su perfil estaba actualizado y comprobó que la fecha de nacimiento era correcta.
Nada.
Silencio virtual para una necesidad real.
Se miró las manos y buscó en las líneas que nacen de tanto doblarlas. Entonces se percató, estaba comenzando a ser borroso en los bordes y a escasear de relleno en el cuerpo. Transparente. Sus píxeles se estaban cayendo a pedazos y el hardware así ya no valía para nada. Está claro que uno queda obsoleto en el mundo de las pantallas táctiles cuando te quedas sin dedos.
Terminó el día y cambió sus datos. Ya no era nadie, ni foto en el recuadro ni seguidores en la distancia. Cerró los ojos totalmente dispuesto a reiniciar.

miércoles, abril 27, 2011

Hotel de cinco estrellas

Hotel de cinco estrellas en el rincón más apartado del mundo. Silencio en las ventanas, sol en los alrededores. Javier ahorró durante años para visitar aquel lugar. Años de trabajo y semana de vacaciones de lujo absoluto como recompensa. Desde que llegó al recinto fue agasajado por la sonrisa amable de los empleados, capaces de hacerle sentir el único cliente. En los pasillos no se cruzó con nadie y disfruto de ver tan sólo su reflejo en los cristales que forraban las paredes. El hilo musical, como una una ola sonora, invadía el interior pulcro de las habitaciones. Desayuno exquisito, café siempre recién hecho, y sala individual para disfrutar de los periódicos de la mañana. Tres personas dispuestas para ofrecerle lo que necesitaba y traerle lo que se le ocurría. Alquiló un coche pequeño y dio un par de vueltas por los alrededores. Los pueblos parecían decorados de película, la carretera transitaba en un permanente expositor de imágenes inenarrables que repetían las bellas imágenes ofrecidas en el folleto de la agencia de viajes. Javier fue dejándose ir en un constante susurro tranquilo. Como adormecido por el buen hacer de los trabajadores, convencido por su habilidad para estar donde necesitaba cuando los necesitaba. Disfruto de masajes en los pies, de ese olor a menta que libera los pulmones del peso de la ciudad. Acopió fuerzas en comidas ligeras que salpimentaban la lengua y degustó vinos extraños que hacían cambiar el aire. Cuando terminó la semana Javier bajó a recepción y solicitó la cuenta. Se prometió durante años no mirar el número bajo la última suma. No le sorprendió ver a todo el servicio dispuesto a despedirle. Sonrientes, peinados, con el uniforme de la casa y dibujando una muralla de amabilidad difícil, muy difícil, de sortear.

domingo, abril 24, 2011

La cuenta

- Eso es lo que me debes.
Sobre la mesa el papel arrugado. La tinta negra dando solemnidad de testamento a lo escrito. Un par de palabras en una línea y una subordinada compleja en la siguiente. Todas con un número a izquierda y derecha. A izquierda las raciones pedidas, lo servido, a la derecha el montante final por cada uno de los servicios.
Dos vasos medio llenos de cerveza, un plato de patatas fritas sin tocar y el eco de una discusión entre paredes. Ella sentada, con gafas de sol, ocultando bajo cristales opacos unas pupilas que no le miraban a la cara estando perdidas ya en otro sitio. Él de pie, la mano abierta con la palma extendida hacia ella, pidiendo lo que era suyo.
- Te he hecho un buen precio.
Ella revisó la cuenta, echó su tiempo en cada coma y en esos recuerdos que sólo aparecen como fotografía en la memoria. Al principio la boca hizo sonrisa y poco a poco, como el café que amarga con las horas, se fue torciendo hasta terminar con los labios apretados formando un sello.
- Está casi todo bien.
- ¿Casi? - preguntó él.
- Me querías cobrar también lo único de lo que me arrepiento -dijo señalando el papel.
- ¿Eso? - sonrió -. Te lo regalo. Es justo que al menos te salga gratis el primer beso.

jueves, abril 21, 2011

Le encanta su moto


A mi padre le encanta su moto. Todo el día con ella, como si no existiera nadie sobre la tierra. Mi madre le observa cuando la limpia mientras repite con sorna que ojala esas caricias fueran para ella. Yo hago como que no me entero de nada. Mi padre siempre ha pensado que no me entero de nada, casi no existo porque no doy problemas. El colegio, el instituto, la facultad. Todo ha sido un no ser nada que le ha llevado a no saber quién es su hijo. Mi madre a veces le grita desde la ventana cuando le ve marchar. Él baja la visera del casco y ni se gira. Sólo el rugido del motor despidiéndose por efecto doppler a través de los tímpanos. Hace unos meses me hice con un trabajo, dinero que cae en casa y no viene de sus manos. Mi madre no necesita mucho y yo no tengo vicios que compartir. Recuerdo el día en el que mi padre cortó los frenos de la bicicleta para quitarme el miedo a las cuestas. Si quería una moto era obligado conducir sin frenos cualquier cosa de dos ruedas. Ahora miro el cúter sobre la mesa.


lunes, abril 18, 2011

Sin posavasos



A través de la ventana no daban tanto miedo. La cortina los difuminaba aún contra negro y eso a mí me daba tiempo para hacer las cosas con calma. Dejé el café recién hecho sobre la mesa de cristal, sin posavasos, lanzando señales de humo arábigo al aire. Me lavé los dientes con un cepillo eléctrico, una gozada, y me di una ducha rápida. Nada de peinarme ni de echarse una ojeada en el espejo. Cogí mis vaqueros viejos, la camiseta de algodón y me puse las zapatillas de piel gastada que suelo usar todos los sábados para salir de marcha. Me puse cómodo. Busqué a tientas el reloj, la cartera y el teléfono móvil. También me llevé el pequeño espejo con polvos blancos. Ella no se enteró de nada, seguía perdida en un sueño profundo producto de los excesos de la última noche. Aún olía a sexo del bueno en la habitación.
Al salir me los encontré sentados encima del coche, sonrientes, con esa cara de listos que ponen siempre justo antes de hacer su parte del trabajo. Como si fuera fácil estar tan bueno. Estúpidos. Lo difícil es separar sus piernas y dejar abierta la puerta de la casa.

viernes, abril 15, 2011

Pa´que lo entiendas

Aquel pájaro, sin duda, era de otro planeta, un fenómeno. Habitó en silencio tras nacer entre los que cultivan la sospecha. Nada por aquí, nada por allá pero crío que te va. Más de treinta años viviendo en casa de los padres y más de treinta años con una vida entre maderos que, por lo que cuentan, fue un examen sin fallo. El tema está en lo que vino después de perderse en el desierto. Digamos que esa fue una juerga de las que marcan camino. Tras la aventura sedienta hizo sus múltiples trucos y, mala suerte, no le salió bien el que quiso marcarse con una cruz. Al menos nadie olvidó su nombre, de hecho todavía más de uno se pone guapo para sacarle de procesión...

martes, abril 12, 2011

Piensa

Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura le gritó “¡guarra!”. La sonriente señora mayor de pelo blanco la escupió al sentirla cerca y el gordo de la pastelería la llamó “zorra” con insultante serenidad.
Tal vez por eso aquel día se dio el gusto de acercarse a un niño mientras cruzaba la calle sin mirar.
Sabía que al menos él, ignorante, le echaría una sonrisa al verla llegar.


ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

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