domingo, mayo 28, 2006

Tiempo y vida.

Alegre, feliz noticia,
cielo que se ilumina y rompe,
llanto que grita y piensa,
nos dice que ya esta cerca.

Sonrisa en caras cercanas,
manos que se ven pequeñas,
pies que pisaran fuerte,
silencios que dibujan caricias.

Ojos que por vez primera ven,
nariz que huele todo a nuevo,
piel que siente distinto
oyendo que todo es tan bello.

Todo comienza,
tal y como nace el día.

Se abren, lentamente,
sus manos.

Se cierran, rapidamente,
sobre una nueva vida.


Enhorabuena.

jueves, mayo 11, 2006

Por el forro.

Por el forro me pido yo la vida en verso,
por el forro tu eres mi amor,
yo,
tu silencio.

Por el forro no hay tamaño grande,
no pies pequeños,
ni sustos lejos
ni menudos miedos.

Por el forro se ríe el que gana,
se apagan las luces en días de feria.

Por el forro no vuelan los pájaros
ni saltan las ranas.

Por el forro escribo con sangre
palabras de miedo.

Tormenta de tierra en tierra,
por el forro se pierden las cosas,
se lloran las penas.

Por el forro apago mis manos,
levante los ojos
y cierro mis venas.



martes, abril 04, 2006

Supersticiones

De repente, cómo si fuera una ráfaga de viento, aparece. Te da un golpecito en la espalda y, como siempre, te giras pensando en cómo ha conseguido hacerlo de nuevo.

- Buenos días.

Te quedas con cara de tonto, no parece que él le de más importancia que la que debe dársele a aparecer tal y como si fueras un fantasma. Lo peor de todo es que ni siquiera parece despeinarse durante todo el proceso de "llegada súbita". Permanece siempre con el rostro serio y los ojos esbozando una pequeña sonrisa, con el espacio entre sus cejas arrugado y la frente perfectamente subrayada por un montón de arrugas que le hacen parecer tan listo cómo pensamos que es. Sobre su pelo gris descansa un viejo sombrero, de los que vemos en las películas en blanco y negro, los mismos que el malo de turno agarra entre sus manos mientras intenta no confesar que él es el asesino.

- ¿Desde cuando llevan ahí dentro?

Tras saludar siempre pregunta "desde cuándo", me dan ganas de gritarle yo también una pregunta... del tipo: "¡¿Cómo leches lo haces?!

Pero prefiero sonreir y mirar en mis bolsillos, buscar la libreta en la que apunto qué está pasando y quién está haciendo que pase.

- Desde bien temprano... yo he llegado a las 8 de la mañana y ya estaba todo montado.

Sonríe y se quita el sombrero, su cabello ni se inmuta ante el gesto. Me gustaría comprobar que pasaría allí arriba con el apoyo logístico del viento de Tarifa, pagaría dinero por verle perder un poco la compostura.

- ¿Hay alguien de la policía con ellos?
- Ninguno, intentamos hablar con él pero no hemos podido.
- ¿Le habeis visto?
- Sí, lleva puesto un pasamontañas negro... se debe estar muriendo de calor el cabroncete.

Ni una mínima muestra de empatía, este tío me desespera, ¿cómo fué capaz de hacerse policía sino entiende las bromas de sus compañeros?. No tiene humor, ni un poquito.

- ¿Cuantos rehenes?
- Cinco. El director del banco, dos secretarias, el vigilante jurado y un cliente que no sé que hace tan temprano en el banco la verdad.
- Está bien.

Pues listo, ahora empieza lo divertido.

Llevo 20 años en el cuerpo de policía, se dice pronto, y tengo que reconocer que nadie trabaja como él. Es una manera distinta, extraña, que cuando da resultado resulta espectacular. La primera vez que le vi pedir una escalera de aluminio pensé que quería subir a una ventana o al techo del edificio para entrar o para ver mejor la situación.

Pero lo que hizo fué ponerla junto a la entrada de la casa en la que un joven delicuente se había parapetado. Nos hizo llevarle una pizza para comer y dejarla en el suelo, delante de la puerta. El chico salió, se puso debajo de la escalera y a los pocos minutos apareció corriendo ante nosotros porque le había picado una avispa en la punta de la nariz. Llorando, el chaval vino llorando...

Hoy parece que va a intentar algo distinto, junto a sus pies hay una pequeña jaula de color gris. De las que venden en las tiendas de animales. La abre y sale de ella un gato negro de ojos enormes, se detiene un momento a olisquear y, con un ágil salto, se le sube a los brazos. Él comienza a andar hacia el banco, mis compañeros se apartan, tanto los que le conocen como los que no saben ni quién es. En momentos de crisis el aparentar confianza y serenidad impone respeto, apuesto a que si en un incendio alguien camina mirando al frente más de uno se le queda observando y más de dos se van detrás de él. Aunque luego se lance de cabeza al fuego.

Tras detenerse junto a la enorme puerta de cristal deja al animal en el suelo y da media vuelta para quedarse ahí quieto. El gato con un nuevo salto desaparece tras la puerta que, curiosamente, estaba entreabierta.

Unos segundos después se oye un disparo, le sigue un grito.

O se han cargado al gato o se han cargado a un rehén.

Él vuelve a girar y entra en el banco. Segundos después aparece con el gato entre sus brazos y con toda la tranquilidad del mundo regresa a mi lado. Se agacha e introduce al felino en su jaula.

- Se ha pegado un tiro en la pierna - dice.

El sombrero vuelve a su cabeza y él desaparece tras doblar una esquina, con la jaula bamboleándose lentamente con sus pasos.

Uno de mis compañeros llega junto a mí y me cuenta lo ocurrido.

- ¡Jefe!... ¡se ha disparado al pie!... ¡él solo!

Minutos más tarde el sonido de la sirena de la ambulancia me despierta de mi ensimismamiento. Sobre la camilla llevan a un hombre calvo que no puede parar de gritar de dolor, el pie derecho ensangrentado parece una coliflor.

Yo no sé cómo supo que el ladrón era calvo.

Pero sí que sé que si ves un gato negro más vale que te toques el pelo, por si acaso.

lunes, marzo 06, 2006

Azul

Pensemos por un momento que la vida es como un fino papel que se dobla por la mitad para encontrarse por primera vez en sus extremos, o como una puerta... Creo que es mejor pensar en una puerta.

Una puerta situada en el centro de un gran salón vacío, de suelo blanco, paredes blancas. La puerta está cerrada, por supuesto, las puertas son así, se cierran una vez hechas y no se abren hasta que ha pasado alguien por ahí que quiera ver lo que queda al otro lado. A veces pienso, no sin avergonzarme, que las puertas son los secretos que quedan por descubrir, que sólo los puede ver el que gira el pomo adecuado y da un paso al frente...

La puerta continúa cerrada, ante ella aparece una joven. Por su aspecto, por culpa de mi imaginación, aparece vestida al modo de una joven hindú. Con una azulado pañuelo tapándole medio rostro... Ella se queda quieta, acaricia con una de sus manos el pomo y, antes de girarlo, se vuelve y nos sonríe.

Subitamente desaparece tras el marco de la puerta, sin dejar rastro...

Ante tan extraño acontecimiento nos rascamos la cabeza, pensando. La conclusión aparece ante nosotros tal y como aparece una piedra en el camino cuando estas evitando tropezar.

Lo lógico es abrir también la puerta, ver hacia dónde nos lleva, hacia dónde la llevó a ella al menos. La puerta se convierte, lentamente, en el secreto que ya comentamos antes, es un quizá que queda cerca de uno de nuestros "¿por qué?".

Tras un par de pasos alargamos la mano derecha y tocamos el pomo, sentimos un pequeño escalofrío recorriendo nuestro cuerpo. Parece que la madera tembló un instante para quedar despues de nuevo quieta.

La puerta se abre, un fuerte viento nos empuja desde atrás obligándonos a atravesarla. Cerramos los ojos.

Al abrirlos vemos un edificio de paredes azules, a un lado una anciana con un viejo pañuelo azul cubriéndole el rostro está sentada sobre el último peldaño de una pequeña escalera.

Junto a ella permanece de pie la joven del joven pañuelo azul.

De nuevo nos rascamos la cabeza, pensar... y descubrimos que nuestro cabello parece otro, débil, con dedos que crujen al articularse.

Allí, de pie, nos quedamos quietos.

A nuestro lado nos estamos mirando con tristeza.

Y vemos cómo nuestros jóvenes ojos no entienden hasta dónde nos llevo esa puerta.

martes, febrero 21, 2006

De otra manera...

Ha resultado ser mucho más fácil de lo que pensaba... Nadie vigila, no parece preocupar a nadie lo que pasa en este sitio. Todos envueltos por estas cosas blancas que no dejan pasar el viento pero que no impiden que ideas como las que me han traido a este sitio campen a sus anchas.

No hay límite, sólo he tenido que elegir, guiarme por el color de los ojos y el cabello. Nada más, sin preguntarme nadie quién soy, a qué he venido...

No sé si todo esto será un trato justo, a mi sólo me importa el dinero que caerá en mis manos al dejar junto a la puerta de su casa a este crío.

No me preocupan sus padres, su pasado, su futuro. Hace ya mucho tiempo que me olvide de toda forma de conciencia. Así todo es mucho más fácil, la necesidad desaparece si me empiezo a preguntar las consecuencias de mis actos.

Sólo debo tapar al niño con una manta, él aún no sabe hablar, sólo gime pues el hambre y frío no le dejan llorar.

Con él en mis brazos no le debo mirar a los ojos, siempre hacia un lado.

Escapar rápido, abandonar al niño y cobrar mi dinero.

Niños en casas de paredes que no lo son, manos, las mías, de piel que ya no lo parece.

miércoles, febrero 08, 2006

Miedo

No hace frío, para qué... tranquilo, nuestra casa es de la misma tela que nuestra manta. La pared no se puede quemar pero el más pequeño filamento la atraviesa para permitir que el viento de la noche nos quite las ganas de dormir, cerrar los ojos.

Somos el suelo de un mundo que alguien pisa con zapatos de suela dura y corazón frío, es el frío, mi hijo tiene frío y yo sólo tengo las paredes que me rodean para arroparle. Construir tu vida con un paño que alguien dejó en el suelo, que has tenido que lavar tantas veces que las manos quedaron rojas, con pequeñas grietas que dejan escapar un liquido verduzco en cuanto aprietas con más fuerza de la debida la cuerda que tensa la pared que ahora necesito para tapar a mi hijo.

Él no ha tenido tiempo para merecer tan poco, no hay oportunidades en el desierto. Nos engulle y empuja hacia una de sus dunas haciendo parecer todo demasiado pequeño, demasiado grande para salir corriendo y buscar entre las llamas del horizonte un futuro mejor, paredes duras y golpes de frío que no las deformen.

Dar un paseo, mirarle a los ojos y decir que todo pasa, que yo también tuve frío en casas de paredes como la nuestra.

Algún día él será yo y pensará que su hijo es demasiado pequeño como para serlo en un mundo como este. Creerá que en algún lugar las mantas son trozos de tela, no paredes, podrá mirar a sus ojos y hacerle ver que no hay miedo.

Que el camino que uno empieza, con casas de tres paredes, con frío en todas partes, no es justo... que lo importante es abrazarte fuerte y no bajar los ojos.

Que yo soy su manta.

Que si él tiene frío yo, ahora, tengo miedo.


lunes, enero 30, 2006

Huellas

El camino queda siempre detrás del último paso, la espalda nunca podrá mirar hacia delante pues andar hacia atrás no es seguir de frente.
El tiempo cae despacio sobre todo aquello que una vez fué tu cara de asombro, tu no entender que pasa...
Ahora sólo debemos esperar que la tierra se vuelva a abrir, empapándose con nuestras nuevas intenciones.
Arena seca que ya es de nuevo regada, para que los sueños echen raíces y nuestro pasado se transforme en huellas sobre el camino.

sábado, diciembre 24, 2005

"Macuto de penas, lágrimas, injusticias y sinsentidos"

Anciano, sentado en un banco de madera, a su lado un macuto enorme. El hombre nos resulta familiar a pesar de tener la certeza de no haberle visto nunca.

Levanta la mirada y sonríe.
Comienza a hablar.

- Deténganse a pensar lo poco que me ha costado llenar esto...- dice señalando la bolsa que está junto a él en el banco.

Se pasa una mano sobre la frente al mismo tiempo que la cámara se aleja de él hasta hacerle desaparecer con un fundido en negro.

Tras unos segundos aparece en la pantalla de nuevo el banco, esta vez sobre él sólo permanece el macuto enorme que vimos en un primer momento.

La cámara se acerca lentamente hasta quedar delante de la bolsa.
Una mano aparece y toma el macuto por una de las muchas asas que tiene.

La mano de un niño.

Tan pronto cómo el crío levanta la bolsa ésta se queda vacía.
La cámara se aleja y el niño se gira para mirarnos fijamente.

Sonríe.

- La Navidad sólo existe cuando esta bolsa se queda vacía.

Fundido en blanco.

"Felices Fiestas"

lunes, diciembre 05, 2005

Hache

Siendo el inmigrante como la dichosa letra,
siendo su pasar un juego que se repite,
siendo su sombra más oscura que la tuya y que la mía.
Siendo el inmigrante como la curiosa grafía,
tal y cómo si en el mundo todos fueran "hache".
Porque aunque están ahí,
ya en sus palabras se perdió el sonido.

(Tanto tiempo entre unas letras y otras... la sequía es el espacio que dejan dos trompetas para no golpearse mientras tocan.

Yo me conformo con lo que queda entre ellas, por si acaso...)

miércoles, noviembre 16, 2005

Tormenta

Decir que no queda sitio,
con todo revuelto,
tu cara en mis manos...
tu pecho en mi pecho.
Decir que estoy solo,
que no tengo miedo.
Pensar que no hay lucha
sino hay pensamiento.
Apago los ojos
enciendo las luces.
Tormenta en mi cara,
de olvido me muero.

(Días duros estos en los que escribir poesía, o algo que se le parezca, es una necesidad por falta de tiempo. Prometo que volveré, más fuerte, más alto... pero, imposible, no más guapo).

miércoles, octubre 26, 2005

¿Para qué sirve la lluvia?, ¿para qué sirve un paraguas?

"¿Para qué sirve la lluvia?, ¿para qué sirve un paraguas?
Tengo las manos frías y el cuerpo roto de ir de un lado a otro, siguiendo una música que no está sonando para mí. Tampoco quiero decir que todo esto sea injusto, en mis bolsillos hay poco dinero y no me puedo quejar de lo que me mande hacer el que se encarga de llenarlos.
El cielo es gris, como gris es el color de sus ojos, los puedo ver muy pocas veces porque rapidamente los esconde tras sus párpados si se da cuenta de que los estoy viendo, tal vez cree que pensar mientras mantienes a tu señora sana y salva de pequeñas gotas de agua no va incluido en el servicio. Las manos de Dios dejan caer su sudor ante nosotros para darnos de beber, no vale para nada taparse, y aquí estamos nosotros cuatro bailando una canción rota en la que no caben más miradas estúpidas ni más pasos que no llevan a ningún sitio.
-Tal vez me ama... ¿no crees Henry?
- Tal vez señor...
- ¿Cogiste el paraguas?
Paraguas... en las tardes de lluvia las jóvenes adineradas sienten que el suelo se convierte en un jardín para pasos de baile. Especialmente la joven adinerada que tal vez ama a mi señor... pensé decirle que el amor no es tan simple como para reducirlo a una tarde de danza bajo las nubes grises. Esa joven no desea bailar más allá de donde le dejen sus pies y un caballero de espaldas cubiertas es un más que resuelto sostén para su joven y estilizada figura.
- Procura no ir muy deprisa, le gusta llegar tarde... - me indica mirando al espejo retrovisor.
El coche es una chatarra con clase que se mueve despidiendo humo de color negro, no habría podido ir más rápido aún con el resto del servicio empujando detrás.
Siempre soy yo el que se encarga del baile, no hay otra posibilidad.
-¿A quién de vosotros le gusta bailar? - preguntó el señor tras reunirnos en la cocina.
- A mí no me desagrada del todo... - respondí raudo intentando evitar que cuaquier otro se adelantara.
- Perfecto, a partir de mañana recibiras clases de danza clásica, voy a necesitar un compañero de aventuras.
Ciertamente no fuí yo el único sorprendido con la respuesta, durante un par de días no pude evitar oír más de un cuchicheo a costa de mi irremediable gusto por el arte "del paso sincopado"... El señor pensó que para bailar solo siempre hay tiempo así que me puso a su lado y me entregó un paraguas.
- Debes aprender cómo bailo yo... y estar listo en la puerta con el coche en cuanto empiece a llover.
Y ahí estoy siempre, junto a la puerta con el coche en marcha en cuanto caen las primeras gotas de lluvia. No puedo perder tiempo, no hay tiempo que perder pues ella no espera ni un poco para empezar a bailar con otro compañero.
Ciertamente todo resultó extraño al principio pues era una pareja de cuatro personas la que allí bailaba, cuatro personas, una canción y un par de paraguas. Ella siempre con un vestido rojo y el de perfecta etiqueta aprovechaban cada nota para intercambiar cuatro cuchicheos y disimular estúpidas sonrisas.
Yo empleaba el tiempo en no perder el compás de mi señor hasta que decidí comenzar yo también mi propio baile.
Mirando al frente me crucé un día con sus ojos, concluí que ella también debió contestar rauda a la pregunta de su señora... no tengo duda de que para ella danzar, aún así, es cómo un regalo que una y otra vez parece una sorpresa.
Al final siempre deja de llover y los señores deben despedirse dando fin a su paseo al son de una música que aún no sé de donde viene.
Él se inclina y besa su mano mientras ella desciende doblando un poco la rodilla para mostrar su respetos. No se dicen adiós y se separan el uno del otro para volver a verse cuando el tiempo decida.
Cuando la primera gota toque el suelo yo volveré a estar con el paraguas en la mano y el coche en marcha frente a la puerta.
- Estoy casi seguro de que se ha enamorado de mí Henry.
- No lo dudo señor... - respondo con cierta ironía.
Al mirar por el espejo veo como la joven se marcha caminando para desaparecer tras una pequeña nube humo. Es en ese instante cuando ella siempre aprovecha para cerrar el paraguas y lanzar una sonrisa al aire. Cómo si supiera que de esa sonrisa lleno los días de pensamientos alegres, cómo si realmente fuera capaz de comprender que para mí la vida se llena de risas que no valen para nada si no ocurren a través de un espejo pequeño en un día de lluvia.
Así que ahora soy yo el que decide reír mientras devuelvo mis ojos a la carretera.
No sé para que sirve la lluvia, yo estaré allí sujetando un paraguas.
No sé para que sirve un paraguas si a mi siempre me empapa su pequeña sonrisa".

domingo, octubre 16, 2005

Entrenamiento

"No debo pensar demasiado rápido, no hay tiempo, los años cultivan en mí la necesidad de dar siempre un paso tras otro. Sin pensar en el cómo sería...
Al principio "todo debió ser" de otra manera, tantas lágrimas sobre las mismas caras me convirtieron en un mártir en un mar de martirizados. Tal vez fué tanto líquido elemento lo que me convenció para dar portazo a todo lo que me obligaba a bajar la cabeza y mirar siempre hacia atras como si allí me hubiera dejado algo, como si hubiera olvidado el sueño que de niño a todos nos asalta una o dos veces entre bocado de galletas de chocolate.
El rencor es una palabra pequeña que no deja nunca seguir despacio hacia delante, no miento a nadie si digo que es algo que de alguna manera se encuentra en el corazón que nació de todo aquello dentro de mi pecho. Yo antes no era así, las circunstancias me han transformado a mí y a todos los que son "yo" conmigo... rencor siempre es probar dos veces la misma comida para que la segunda vez sea peor que la primera.
Pensé que todo esto no era más que una pequeña suma, que la vida no son sólo golpes en la frente, que a veces uno de esos golpes si te lo dan detrás te impulsa un poco más hacia delante. Es mucho más fácil vivir aprendiendo...
Ahí está el secreto, por eso decidí dejar a un lado lo que me ata a una pequeña silla con dos ruedas enormes.
Me aburrí de estar sentado y pensar que los años son pequeñas hojas que deben caer en otoño.
Por eso me levanto cada día y me lanzo al agua de cabeza, porque ya que no puedo andar con mis pies he decidido andar con las manos..."

PD: "Olé sus huev..."

domingo, octubre 09, 2005

Caballos en el infierno

No hay caballos en el infierno, allí se queman sus pezuñas de uñas rotas por el pisar de piedras que siempre vemos detrás, en el camino que hace el viejo carro del abuelo.
Tardó seis meses en construirlo, la madera no abunda en un sitio como este y los árboles son tan pocos que cortar uno implica investigación por parte de un sheriff que siempre está aburrido, pensando en disparar una pistola que tiene las balas perdidas en unos bolsillos enormes, emborrachadas en el tufo que deja el whisky del malo.
Ser caballo no es tan malo como parece, te paseas sobre cuatro patas, es mucho más dificil caerte. Si algo tiene que tocar el suelo que sea el que está encima mostrando los dientes amarillos de tanto dejar la boca abierta...
Yo me conformo con poco, no siempre lo que está más lejos es mejor, prefiero no arriesgarme a perderme en un mundo que no conozco, un mundo que no me conoce.
Así que en el infierno no hay caballos, que allí quema el suelo y no tiene utilidad alguna el cabalgar para llegar a otro sitio... de eso se encargan allí los que entre caballos y buenas personas no piensan nunca de qué esta lleno el infierno...

Porque está claro que el infierno se nutre de feos caballos con dos patas...
que sólo saben mostrar sus sonrisas rotas.

lunes, septiembre 26, 2005

Ráfagas

¿Cómo se dice que no?
Para qué es la pregunta...
¿Dónde esconder las manos?,
¿quién tira la piedra?
La historia del niño que nunca termina,
con voz de lucha en campos de flores.
Rios de vida...
donde todo está ya seco por el uso del que todo lo aprovecha.
Para qué preguntar por un tiempo pasado,
para qué esconder las manos cuando la piedra ya queda lejos,
descansando sobre un torrente de agua que antes fué río.
¿Quién dice ahora "yo no he sido"?
¿Dónde dejamos aquella maldita palabra?
Cómo una vez alguien creo un no...
donde ahora sólo les queda el olvido.


ATRAPAPALABRAS
"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

DIARIO DE DÍAS RAROS
"Gracias a Alberto García Salido, "No pasa nada de nuevo...", Por mostrarme su magnífica obra..."

ASAMBLEA DE PALABRAS
"... es el blog que edita, desde algún lugar de España, Alberto García Salido. Sus textos tienden a la brevedad, ya sean poéticos o narrativos..."

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