sábado, junio 23, 2007

Sigue mis pasos...

"Apaga las luces,
golpea el interruptor con el puño cerrado si hace falta,
con la mano surcada por un montón de líneas secas que ya no cuentan su vida,
que sólo cuentan ya su pasado.

Con la habitación a oscuras silva las notas que una vez oyó de un viejo piano de cola,
recuerda con cada Do sostenido al niño que antes corría delante del mar,
saltando al cielo lejano que no alcanzó nunca con la yema de los dedos.
Lleno de nubes que ahora ocultan los recuerdos que nos llevan al final del camino.

Sobre la arena quedan sus huellas,
con la luz apagada y el piano escupiendo la canción favorita del verano pasado.
Sobre la arena...

Ahí dejamos nosotros el alma,
para que venga una ola y la borre del mapa.

De arena fina, de playa, está hecha su alma".

martes, junio 12, 2007

Sobre un café

Árboles en la ventana, verde castigo, que oscilando al ritmo del viento bailan la danza que se les obliga. Entre ellos dos personas discuten, él vacía el cargador de sentimientos dejando el suelo perdido de ideas inútiles y promesas rotas de tanto usarlas.

Ella, en cambio, vacila, cambia ligeramente su postura con cada palabra escuchada y deja escapar de vez en cuando un suspiro. A modo de señal de humo estos pequeños detalles le permiten aguantar las lágrimas que se acumulan justo por encima de un corazón que se está dando cuenta de lo mal que va todo.

Aquello comenzó con una mirada en un bar de la zona norte del pueblo, tras una par de sonrisas ya estaban sentados el uno junto al otro. Sin hablar, sin mediar palabra, comenzaron a decirse "te quiero" con gestos sencillos. Él llamo con la mano al camarero, "te amo", ella dejó el bolso sobre la mesa, "yo más". Con dos refrescos escribieron un poema de amor, con los vasos vacíos firmaron un pacto silencioso sobre lo importante que es tener en el centro de los ojos el brillo claro del que se siente feliz porque ya tiene su otra mitad.

Ahora, junto al árbol más triste del parque, los dos devuelven los lazos que una vez les unieron. Sus manos tiemblan al ir olvidando el tacto de la piel que una vez fue suya, ya nunca más recorreran los caminos que una y otra vez trazaron sobre ella. Un paso al frente y termina, para siempre. Él se marcha con el rostro preñado de lágrimas secas. Silencio bajo techo de hojas verdes, sobre suelo que ahora tiembla y parece caer bajo sus pies.

En aquel bar de la zona norte queda una mesa vacía, encima reposa un café solo que hace metáforas sobre la vida.

El café humea dejando su aroma escapar... como escapan aquellas historias de amor que a veces se escriben con un punto y final.


miércoles, mayo 23, 2007

Foto

Que el viento queme recuerdos.


Que mis manos sean el mapa,
que tu corazón sea el camino.

Que no haya golpes.

Que no haya vacíos.

Que no me escuches a gritos,
que gritar es dar miedo por dentro.

Que se cierren rápido tus párpados,
... ya que tan sólo les queda un te quiero.

Que venga aquí tu sonrisa,
que encuentre de nuevo su sitio,
que no se quede perdida,
que no se transforme en olvido.

Que no haya sitio en la pena,
que no se termine el destino,
que ser alegre sea estar...
que soy alegre si estoy...
aquí,
, en mi foto,
contigo.



jueves, marzo 22, 2007

Y me puse melancólico

La luz, vacía, cae sobre el tejado de color cobrizo que cubre las casas. Entre sus paredes se esconden secretos, gritos, envidia triste por no ser como aquel de la terraza cubierta por flores rojas de corazón de plástico. Tras las cortinas se dibuja el horizonte lleno de humo, restos de un día en el que la gasolina combustiona sin cesar para llevar un poco más cerca, más lejos, al que pisa el pedal que activa la máquina infernal con cuatro ruedas.

El tiempo se detuvo junto al cauce del río ahora seco, en el recuerdo de un parque lleno de sonrisas de niño que a modo de piano con mofletes obligan a esbozar un pasado mejor en los labios del que pasa por delante, golpeando la pelota que cae junto a sus pies, volviendo a sentir entre los dedos de la mano la arena que concienzudamente separaba para construir un castillo de apenas un palmo de altura. Un juguete transitorio que transita por los recovecos de tu mente a modo de memoria feliz.

Memoria perdida.

El cielo vacío, reflejos que son estrellas y caminos que no sabes de donde vienen ni para qué vinistes tú por ellos, andando despacio.

Pensando que la vida es el tiempo que uno pasa, pasea, tranquilo...

lunes, febrero 26, 2007

Vacío en una esfera...

La mano sostiene entre sus estrechos dedos el Mundo, con todas las letras, en su interior el rostro del que dibuja las líneas que todo lo unen. El surco ya seco del tiempo indica el camino hacia la ventana curva del fondo, allí la luz llega del exterior y baña la espalda del observador artista.

Dejemos entonces caer nuestros ojos al suelo, la curva esfera que todo lo tiene, el Mundo en la mano del tipo que sigilosamente guía nuestros pasos hacia el vacío que habita en ese lugar.

El Mundo y la esfera.

Silencio, se rueda.

viernes, diciembre 22, 2006

Cimbrea.

Sobre tu mano,
la bola roja,
el viento.

Sobre tus ojos,
la bola negra,
el tiempo.

En tu regazo,
ya no respiras,
silencio.

Está en tu rostro,
aquel chiquillo,
que queda lejos.

Sobre los hombros,
te haces mayor,
eres pequeño.

Entre los párpados,
aquella lágrima,
cimbrea...

... cayendo.


jueves, noviembre 16, 2006

El principio

Las manos nervudas, los dedos como maderos viejos, con articulaciones secas que sin embargo se mueven. Los ojos grises, como el cabello largo sobre los hombros, tocado con un viejo sombrero de pico que se retuerce sobre la punta para acabar señalando el camino que ya queda detrás.

El nervio en el paso, con zancadas grandes se hunde la tierra húmeda por la lluvia reciente, como si se dejara llevar por un baile de reverencias que aceleran aún más la marcha. Mecido por el viento, éste le susurra al oído lo que queda por llegar para que su gesto permanezca cerrado, imposible descifrar dónde perdió el último brillo en sus ojos.

En el horizonte el verde tamiz se ve sorprendido por el azul del cielo cayendo en picado, como el pájaro de plumas negras que espía al viejo obedeciendo las órdenes de su oscuro señor.

La sonrisa perdida como por arte de magia, no hay descanso que valga, el corazón empuja con fuerza.

Silencio pues el mago gris camina, silencio pues sólo es el principio...

martes, octubre 03, 2006

Rapidamente.

Deprisa.

Arriba y abajo.

Acelera... no te detengas, no hay tiempo, sólo te quedan las ganas. No puedes parar por que la velocidad es el tiempo que tardes en no darte cuenta.

Apuesta segura sobre fondo verde, no hace falta que bebas nada ni que pienses en positivo para tener un por si acaso cerca.

Deprisa.

Arriba, cerca del cielo te quedas lejos y resoplas un tanto. Necesitas pesar menos, perder miedo es perder unos cuantos gramos en un mundo de pequeñas circustancias y entornos demasiado grandes.

Deprisa.

Todo es un ya fué... acelera porque no queda fuego en el cuerpo ni sangre que pueda provocarlo.

Huye, salta desde cerca al vacío y oscuro suelo.

Sonríe. Rapidamente.

Se acaba, tan sólo es veloz el pasado.

Ahora en tus diminutas alas se apaga con cada segundo tu futuro presente.

Rápida.

Mente.



martes, agosto 15, 2006

Retenido, que no detenido.

Que no se cierren los ojos
sobre golpes de manos abiertas,
que no se apague su voz
bajo aquella amenaza siniestra.

Que no escape la inocencia
del que está solo en compañía,
que siga siendo una niña
que pronto olvide aquel día.

Que no haya silencio en sus labios
ni frío en sus enormes párpados,
que pronto encuentre el camino
en el que siempre nos hemos perdido.

Que la risa sea su idioma
y el llanto un recurso impreciso,
que la duda permanezca tan sola
en el país de lo que nunca debió haber sido.

Que el tiempo se rompa en pedazos
para que pensar que nunca pasó,
que el reloj se quede en mis brazos
para que no sepa cuando ocurrió.

Que el piano sean mil notas
y su recuerdo aquel rayo de luz
que sobre un azul pozo de agua
dejó todo en el olvido.

Que no sea la letra "r"
la diferencia entre ser,
o estar,
detenido.


martes, junio 20, 2006

Cansancio...

Cansancio que pega duro,
que esconde sus armas y te coge del pecho.

Cansancio que aprieta el corazón,
que rompe tus pies en pedazos de piel insensible.

Cansancio en las manos abiertas,
en el aire que no encuentra su sitio en tu sitio,
cansancio en los ojos vacios,
en los pasos perdidos sobre suelo verde, perdido.

Cansancio que te obliga a pensar en lo que hacias,
hacer que no puedes llegar donde antes llegabas.

Cansancio que se esconde en tu sonrisa tranquila,
en tu vida diaria,
en el tranquilo sillón que queda junto a aquella mesilla.

Cansancio que elimina lo que tienes de físico,
que te transforma en un metal de carne quemada.

Cansancio que taladra los pies en el suelo,
seca tus pobre garganta...

Cansancio que sonrie cuando no puedes.

Cansancio que te recuerda que antes,
hace tiempo,
tú también podias.


domingo, mayo 28, 2006

Tiempo y vida.

Alegre, feliz noticia,
cielo que se ilumina y rompe,
llanto que grita y piensa,
nos dice que ya esta cerca.

Sonrisa en caras cercanas,
manos que se ven pequeñas,
pies que pisaran fuerte,
silencios que dibujan caricias.

Ojos que por vez primera ven,
nariz que huele todo a nuevo,
piel que siente distinto
oyendo que todo es tan bello.

Todo comienza,
tal y como nace el día.

Se abren, lentamente,
sus manos.

Se cierran, rapidamente,
sobre una nueva vida.


Enhorabuena.

jueves, mayo 11, 2006

Por el forro.

Por el forro me pido yo la vida en verso,
por el forro tu eres mi amor,
yo,
tu silencio.

Por el forro no hay tamaño grande,
no pies pequeños,
ni sustos lejos
ni menudos miedos.

Por el forro se ríe el que gana,
se apagan las luces en días de feria.

Por el forro no vuelan los pájaros
ni saltan las ranas.

Por el forro escribo con sangre
palabras de miedo.

Tormenta de tierra en tierra,
por el forro se pierden las cosas,
se lloran las penas.

Por el forro apago mis manos,
levante los ojos
y cierro mis venas.



martes, abril 04, 2006

Supersticiones

De repente, cómo si fuera una ráfaga de viento, aparece. Te da un golpecito en la espalda y, como siempre, te giras pensando en cómo ha conseguido hacerlo de nuevo.

- Buenos días.

Te quedas con cara de tonto, no parece que él le de más importancia que la que debe dársele a aparecer tal y como si fueras un fantasma. Lo peor de todo es que ni siquiera parece despeinarse durante todo el proceso de "llegada súbita". Permanece siempre con el rostro serio y los ojos esbozando una pequeña sonrisa, con el espacio entre sus cejas arrugado y la frente perfectamente subrayada por un montón de arrugas que le hacen parecer tan listo cómo pensamos que es. Sobre su pelo gris descansa un viejo sombrero, de los que vemos en las películas en blanco y negro, los mismos que el malo de turno agarra entre sus manos mientras intenta no confesar que él es el asesino.

- ¿Desde cuando llevan ahí dentro?

Tras saludar siempre pregunta "desde cuándo", me dan ganas de gritarle yo también una pregunta... del tipo: "¡¿Cómo leches lo haces?!

Pero prefiero sonreir y mirar en mis bolsillos, buscar la libreta en la que apunto qué está pasando y quién está haciendo que pase.

- Desde bien temprano... yo he llegado a las 8 de la mañana y ya estaba todo montado.

Sonríe y se quita el sombrero, su cabello ni se inmuta ante el gesto. Me gustaría comprobar que pasaría allí arriba con el apoyo logístico del viento de Tarifa, pagaría dinero por verle perder un poco la compostura.

- ¿Hay alguien de la policía con ellos?
- Ninguno, intentamos hablar con él pero no hemos podido.
- ¿Le habeis visto?
- Sí, lleva puesto un pasamontañas negro... se debe estar muriendo de calor el cabroncete.

Ni una mínima muestra de empatía, este tío me desespera, ¿cómo fué capaz de hacerse policía sino entiende las bromas de sus compañeros?. No tiene humor, ni un poquito.

- ¿Cuantos rehenes?
- Cinco. El director del banco, dos secretarias, el vigilante jurado y un cliente que no sé que hace tan temprano en el banco la verdad.
- Está bien.

Pues listo, ahora empieza lo divertido.

Llevo 20 años en el cuerpo de policía, se dice pronto, y tengo que reconocer que nadie trabaja como él. Es una manera distinta, extraña, que cuando da resultado resulta espectacular. La primera vez que le vi pedir una escalera de aluminio pensé que quería subir a una ventana o al techo del edificio para entrar o para ver mejor la situación.

Pero lo que hizo fué ponerla junto a la entrada de la casa en la que un joven delicuente se había parapetado. Nos hizo llevarle una pizza para comer y dejarla en el suelo, delante de la puerta. El chico salió, se puso debajo de la escalera y a los pocos minutos apareció corriendo ante nosotros porque le había picado una avispa en la punta de la nariz. Llorando, el chaval vino llorando...

Hoy parece que va a intentar algo distinto, junto a sus pies hay una pequeña jaula de color gris. De las que venden en las tiendas de animales. La abre y sale de ella un gato negro de ojos enormes, se detiene un momento a olisquear y, con un ágil salto, se le sube a los brazos. Él comienza a andar hacia el banco, mis compañeros se apartan, tanto los que le conocen como los que no saben ni quién es. En momentos de crisis el aparentar confianza y serenidad impone respeto, apuesto a que si en un incendio alguien camina mirando al frente más de uno se le queda observando y más de dos se van detrás de él. Aunque luego se lance de cabeza al fuego.

Tras detenerse junto a la enorme puerta de cristal deja al animal en el suelo y da media vuelta para quedarse ahí quieto. El gato con un nuevo salto desaparece tras la puerta que, curiosamente, estaba entreabierta.

Unos segundos después se oye un disparo, le sigue un grito.

O se han cargado al gato o se han cargado a un rehén.

Él vuelve a girar y entra en el banco. Segundos después aparece con el gato entre sus brazos y con toda la tranquilidad del mundo regresa a mi lado. Se agacha e introduce al felino en su jaula.

- Se ha pegado un tiro en la pierna - dice.

El sombrero vuelve a su cabeza y él desaparece tras doblar una esquina, con la jaula bamboleándose lentamente con sus pasos.

Uno de mis compañeros llega junto a mí y me cuenta lo ocurrido.

- ¡Jefe!... ¡se ha disparado al pie!... ¡él solo!

Minutos más tarde el sonido de la sirena de la ambulancia me despierta de mi ensimismamiento. Sobre la camilla llevan a un hombre calvo que no puede parar de gritar de dolor, el pie derecho ensangrentado parece una coliflor.

Yo no sé cómo supo que el ladrón era calvo.

Pero sí que sé que si ves un gato negro más vale que te toques el pelo, por si acaso.

lunes, marzo 06, 2006

Azul

Pensemos por un momento que la vida es como un fino papel que se dobla por la mitad para encontrarse por primera vez en sus extremos, o como una puerta... Creo que es mejor pensar en una puerta.

Una puerta situada en el centro de un gran salón vacío, de suelo blanco, paredes blancas. La puerta está cerrada, por supuesto, las puertas son así, se cierran una vez hechas y no se abren hasta que ha pasado alguien por ahí que quiera ver lo que queda al otro lado. A veces pienso, no sin avergonzarme, que las puertas son los secretos que quedan por descubrir, que sólo los puede ver el que gira el pomo adecuado y da un paso al frente...

La puerta continúa cerrada, ante ella aparece una joven. Por su aspecto, por culpa de mi imaginación, aparece vestida al modo de una joven hindú. Con una azulado pañuelo tapándole medio rostro... Ella se queda quieta, acaricia con una de sus manos el pomo y, antes de girarlo, se vuelve y nos sonríe.

Subitamente desaparece tras el marco de la puerta, sin dejar rastro...

Ante tan extraño acontecimiento nos rascamos la cabeza, pensando. La conclusión aparece ante nosotros tal y como aparece una piedra en el camino cuando estas evitando tropezar.

Lo lógico es abrir también la puerta, ver hacia dónde nos lleva, hacia dónde la llevó a ella al menos. La puerta se convierte, lentamente, en el secreto que ya comentamos antes, es un quizá que queda cerca de uno de nuestros "¿por qué?".

Tras un par de pasos alargamos la mano derecha y tocamos el pomo, sentimos un pequeño escalofrío recorriendo nuestro cuerpo. Parece que la madera tembló un instante para quedar despues de nuevo quieta.

La puerta se abre, un fuerte viento nos empuja desde atrás obligándonos a atravesarla. Cerramos los ojos.

Al abrirlos vemos un edificio de paredes azules, a un lado una anciana con un viejo pañuelo azul cubriéndole el rostro está sentada sobre el último peldaño de una pequeña escalera.

Junto a ella permanece de pie la joven del joven pañuelo azul.

De nuevo nos rascamos la cabeza, pensar... y descubrimos que nuestro cabello parece otro, débil, con dedos que crujen al articularse.

Allí, de pie, nos quedamos quietos.

A nuestro lado nos estamos mirando con tristeza.

Y vemos cómo nuestros jóvenes ojos no entienden hasta dónde nos llevo esa puerta.


ATRAPAPALABRAS
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