jueves, abril 25, 2013

El carnicero



Disfrazado de vendedora de manzanas, con un vestido verde, sitúa siempre su puestecito pegado al de la soja. Subraya sus labios con un rojo mora y disimula su nuez con un pañuelo de flores. Su mercancía, peculiar en sabores, convence siempre al escéptico tras una pequeña cata. No hay vegetariano que se resista. Cuando cierra el mercado se quita el maquillaje y deja el disfraz dentro de la lavadora. Al amanecer, antes de afilar los cuchillos, lanza a los perros la mercancía que sobra. Sonríe viendo cómo saborean la carne que no le han comprado esos idiotas.



viernes, abril 19, 2013

Escritor

El otro día me hice la foto de escritor.
Con la mirada perdida.
La mano en la barbilla.
Las gafas de pasta.
La barba de tres días.
Cuando la vi no me vi.
Porque esos no eran mis ojos.
Ni mi barbilla la proa de un barco de culto.
Ni mis gafas el secreto para ver diferente.
Lo único que era yo estaba en mi barba.
Y decidí que no más fotos.
Que no más miradas ni más manos extrañas.
Que las gafas para leer mejor, más atento.
Que por una imagen no hay que cagarla.

jueves, abril 04, 2013

Siete

Paul, con las manitas dobladas sobre el riel de la ventana, observa la calle quince metros más abajo. Su cabecita bulle y sus ojos permanecen hipnotizados. Todavía tiene entre sus dedos la manta verde con la que jugueteaba antes de descubrir que ya se le habían gastado casi todas las vidas al gato.

domingo, marzo 31, 2013

En nuestro hogar

En nuestro hogar nos hacemos temprano al mundo. Con la luz del alba y el canto del gallo. Y mi madre nos mira desde su cama, a oscuras, antes de ponerse a calentar el agua con la leña nueva que ha comprado. Padre se queda bajo la manta y el Tomas tiene que hacerle cosquillas para lograr que se mueva como un espantajo. Camino a la escuela se nos congela el pecho. Hacemos los deberes, leemos un par de oraciones y corremos sobre las piedras que otros antes se han tirado. Volvemos hablando de meriendas que saben mejor con pan hasta quedar a unos metros de nuestra puerta. Imagino la lumbre mientras el Tomas se me hace pequeño apretando la mano. La vecina nos grita para que no entremos y la nariz se arruga porque huele a carne antes de oler a quemado.

jueves, marzo 21, 2013

Resumen

No sé, murmura Manuela compungida.
No sabemos, masculla Manuel consternado.
No saben, manifiesta Marcos confundido.
No sabrán, menosprecia Miguel cabreado.
No sabremos,  minimiza Martín conciliador.
No supieron, masacra Moisés cansado.

viernes, marzo 15, 2013

Si usted quiere

El vecindario en la calle, las manos sobre el regazo y las faldas de paño haciendo la ola con el viento. Ojos vidriosos y naúseas, con el desayuno haciendo presión en el centro del pecho. Los coches de policía, como una muralla, iluminan las fachadas de naranja intermitente. La puerta de la carnicería abierta y dentro sombras que cubren la mercancía, sombras que se mueven hasta que aparece Ramón con las manos también sobre el regazo. Sonríe viendo a su barrio alrededor. Sonríe y guiña un ojo imitando ese gesto que siempre acompaña al filete más tierno. Cuando baja la cabeza para entrar en el coche escucha el vómito de alguien que así pone punto y final a un grito desagradable. Él, hombre de pocas palabras, enfrenta sus ojos a los del agente en el retrovisor. Un último cliente para el mantra que todo lo puede sobre el mostrador.
- Si usted quiere carne, amigo, permita que se la consiga yo.

miércoles, marzo 06, 2013

Veinte fotografías


- ¡No dispare!
Silencio entre los invitados.
Demasiada tensión para una instantánea directa al recuerdo.
Porque a Luis las relaciones le duran veinte fotografías.
Economiza imágenes en función de la susodicha.
Con las primeras iba a toda caña. Se ventilaba un carrete en menos de una semana. Como él solía decir tenía ganas de revelarse la vida.
En cuanto ganó experiencia, a eso de los veintiuno según sus cálculos, decidió disfrutar más la cosa. Fotografías cuidadas, con ese arte del joven inexperto que quiere conquistar más por lo que promete que por lo que es.
Ya maduro, es decir con alguna cana, se hizo con su primera cámara digital. Todo un mundo en megapixeles. Jugaba con el tiempo, la resolución y los filtros. Tenía un diario magnífico en la tarjeta de memoria. Las novias de baja resolución eran las de menos de un mes y las parejas interesantes llegaban a tener presentación con diapositivas para saborear las diecinueve imágenes previas a la ruptura.
- ¿Cuantas llevamos? - le pregunta al fotógrafo.
Los dos abrazados y él con cara de circunstancias. Cuando escucha el pitido con el que se activa flash sabe perfectamente que esta otra vez es la última.

jueves, febrero 28, 2013

Naufrago


El naufrago, rodillas en tierra, acaricia el agua. Le hace sombra el árbol del que caen dos ángeles que le amenazan en picado. A unos metros cuelga lo que quedó de su pantalón roto. Él, impaciente, se acaricia la cara deseando tres días más para que la barba maquille su piel. Traga un par de caramelos y observa el horizonte que pone frontera a su océano con una valla metálica de motivos arbóreos. Alrededor, como otras veces, se amontonan ya los tiburones. Salivan pensando en el espectáculo que será su vuelta a tierra firme cuando lleguen los azules. Al levantarse imagina el brillo en sus ojos ante la carne fresca. Quizá enseñen los dientes cuando comienza a trepar el tronco de piedra. 
Una vez arriba, sobre el cabello pétreo de sus dos vigilantes, descubre las luces parpadeantes que anuncian su rescate. Los tiburones se excitan agitando sus cuerpos, listos para el banquete. Él saluda, lejos en su isla, antes de saltar. En el aire ve cómo cierran los ojos y ocultan sus dientes. Demuestran que son depredadores de mentira para un naufrago de verdad.


sábado, febrero 23, 2013

La película


Los monstruos se preparan para el comienzo de la película. Se miran unos a otros intranquilos. Cuando se apagan las luces los hombres lobos aúllan excitados al saborear sobre sus pituitarias el miedo en la carne putrefacta de los zombies.
La música comienza. Piano que juega con los agudos e irrumpe en orquesta sinfónica al tiempo que la pantalla se convierte en un cielo azul vacío de nubes. Silencio, salvo en los que necesitan gemir para respirar. Zoom picado que acompaña a un meteorito y permite ver un pueblo, que se convierte en calle, que se convierte en casa, que se hace agujero en el tejado y que percute sobre una gorra roja con visera blanca. Nada se oye en la platea salvo el golpe de la puerta al ser cerrada por el acomodador.
La gorra y el meteorito esférico permanecen en primer plano. Entonces, precedido por el silbar de una flauta dulce, surge un dedo rechoncho seguido de una mano infantil que hace desaparecer la pequeña piedra. El niño, de mejillas sonrosadas y pantalones vaqueros sonríe mostrando huecos entre sus dientes de leche. Los monstruos gritan asustados convirtiéndose incluso en murciélagos un par de vampiros. El acomodador gira la llave en el candado para que nadie pueda abandonar la sala. Él, goteando sangre entre las vendas, camina hasta su hacha y escucha indiferente los gemidos al otro lado la pared. Observa el reloj de arena que le indica cuándo habrá terminado la película y abre su viejo libro sobre cine. La lectura acerca de esa cosa terrorífica bautizada como animación le mantendrá ocupado hasta que pueda dejarles salir.


domingo, febrero 10, 2013

Los premios Goya-Martínez

Como era costumbre el segundo fin de semana de febrero se entregaron los premios Goya-Martínez. Al padre le dieron, de nuevo, el de mejor director. Los gritos justos y la acción muy comedida. El abuelo se llevo el de producción; la familia tenía de todo gracias a su herencia adornada por el Alzheimer. La madre hizo esta vez triplete. Dirección de producción, vestuario y guión adaptado. Gracias a ella eran la envidia del resto de trabajos en el barrio. La hija mayor se llevó el de efectos especiales y mejor música original. Digamos que la adolescencia había derivado en un seísmo de particularidades. El perro logró el de animación, todo el rato de acá para allá ladrando. El hijo mediano se hizo con el ansiado premio de actor revelación. En su familia siempre le habían estado esperando y, por fin, destacaba en algo. Era horrible en todo menos en eso de jugar al fútbol. Sus padres pensaban que quizá con los años él podría hacer de productor cuando se jubilara el abuelo. La mujer de la limpieza también logró el suyo. El premio a mejor actriz secundaria cayó en sus manos en dura disputa con la niñera. Ésta, la última en llegar, se llevó una pequeña decepción pero fue capaz de poner esa cara de ella se lo merece más cuando se entregaron los premios. No se movió en la silla y apretó muy fuerte al bebé contra su pecho. Sabía que el año siguiente sería el suyo gracias al guión que estaba planeando. La ceremonia le fue útil para estudiar a la familia e iniciar  el trabajo de casting. Sin duda su película iba a necesitar de pequeños cambios en el reparto.

domingo, febrero 03, 2013

Ojo clínico

Él, médico de gran ojo clínico, nunca erró un diagnóstico.
Él, hombre con sobrepeso, sintió un alfiler que explota en cristales justo encima de su oreja izquierda.
Él, de rodillas y con medio cuerpo inerte, maldijo sus amplios conocimientos de medicina.
Él, ermitaño en casa enorme, miró el teléfono a unos metros.
Él, extraño en decúbito prono, balbuceó el tratamiento.
Él, con interferencias destrozando la memoria, pensó absolutamente en ella.
Él, con los ojos desconectados, supo que nadie golpearía su puerta.

miércoles, enero 30, 2013

Con prisa

El niño llegó a casa y se quitó la ropa con prisa. Buscó el chándal de los fines de semana y la sudadera vieja de su hermano mayor. Sus padres, más lentos, se quedaron sentados en la cama. Los dos hablando muy bajito y atrapados en un abrazo. Su hermano dejó un portazo en la habitación mientra él se lanzó sobre el sofá para quedar con las piernas cruzadas. Miró el reloj digital con la forma de la cara de un héroe de cómic y se quedó quieto, respirando concentrado. Su abuelo le había dicho que aprovechara su edad, cuando no hace falta correr, para disfrutar del tiempo. Y su abuelo se lo dijo muy serio, como si el suyo estuviera escaseando.

sábado, enero 26, 2013

Ellos son más que muchos pero no demasiados

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas me dejo tragar por la boca de los árboles. Mi hija dice que no siga pero hasta ella se ha puesto ruedas. Cae cuesta abajo. Ahora mis manos no son mis manos. Culpa de mi hijo que me las sujeta. No saben de qué va la historia. Ellos son más que muchos pero no demasiados. Piden que no tiemble pero me terremota el cuerpo. Sé lo que piensan cuando avisan al color blanco. Piel, aguja y desaparezco. Mis hijos oscilan. Ya no se quejan pero casi les sueño. Siguen ahí hasta que ella me explica que sólo son  un recuerdo.

miércoles, enero 23, 2013

La calle de los sueños cumplidos


Leandro comenzó a repartir deseos aquel lunes tras el portazo. Se le ocurrió al pensar que al vagabundo de su calle le vendrían bien unos zapatos nuevos. Decidió convertir el primer día de la semana en una especie de lotería para caras tristes. Todos en el barrio haciéndose ilusiones. Yo he pedido un teléfono, yo un balón nuevo, yo un viaje a un sitio que esté muy lejos. La televisión autonómica no tardó en hacer un reportaje sobre la calle de los sueños cumplidos. Leandro, como los asesinos en la escena del crimen, se hizo un bulto más entre la gente que enfocaba la cámara.
Al empezar la quimioterapia se tuvo que hacer un calendario. El médico no sabía por dónde iban los tiros cuando solicitaba por escrito los días de tratamiento. Empezó a utilizar el correo para anticiparse a los vómitos y a esas ganas de estar en casa bajo la manta. Si le venía mal salir porque todo olía a vinagre ajustaba los encargos por vía postal.
Estuvo un año haciendo las maletas para los sueños de otros. Utilizaba el paseo matutino para hacer su lista aprovechando que la anemia le procuraba la velocidad justa para no perder ni una conversación. Con su libreta de dos caras. Una para sus cosas y otra para las del resto.
Durante el ingreso se ganó a una celadora muy bajita, su propio duende, para que le echara una mano con los sellos. Las enfermeras se preguntaban cómo era posible que con tantos conocidos a quién escribir nadie le hiciera una visita.
El último domingo se mantuvo entretenido mirando el reloj. Detrás de la mascarilla se adivinaban sus ojos haciendo la ruta con el segundero. Al llegar la medianoche pidió ayuda para tomar un poco de agua y entregar otra carta. La auxiliar, mientras sujetaba el vaso, le miró extrañado al comprobar a quién estaba dirigida. La mujer dejó encima de la mesilla el sobre cuando Leandro, tranquilo por haber enviado su encargo, cerró los párpados para soñar.



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"Un blog de microrelatos y poesía. Alberto García Salido es su autor. Especialista en relatos de cien caracteres, sólo cien. Y las fotos son muy buenas..."

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