La hache que marca la vida.
Mirar sin ser visto.
Pensar, sin tener que hacerlo.
No es tan sencillo marcar los minutos,
grabar con fuego el tiempo.
Sufrir cada segundo con un látigo que golpea dentro.
Muy dentro.
Prefiero tener un camino bien lleno de señales.
Camino de tierra firme,
donde no quepan las dudas
ni existan las verdades.
Prefiero que el cielo sea la manta
que borra todos los fríos.
Que el Sol se convierta en nube,
que mi vida sea tan fácil
como fácil transcurre un río.
Hacia abajo se mueve el silencio,
luchando contra los gritos.
Voces que desde la cueva más oscura
(mi corazón)
narran otros caminos.
Voces que atrapan entre sus garras
el puñetero destino.
Ahogando con sus dedos lo que fui.
Susurrando, a mis oidos,
lo que pudo haber sido.